20 de marzo de 2009

El botellón necesario

No soy experto, pero alguna copa tomo de vez en cuando. Estos días atrás, más. Por las fiestas.
Y claro, mucho botellón por ahí esos días. Ya me despacharé con el tema del botellón, que ahora no iba a eso. Sólo contar un corto tránsito.

Primer día: Radio Tránsito, una referencia. Mucha gente, mucho volumen en la música, un gintónic excelente. Según algunos, probablemente con razón, el mejor de Valencia. Bien preparado, con zumo, con aromatizante en spray incluso. Con mimo, en suma. Pero rápido, expeditivo, sin mirarte siquiera. Seis chapas piden. Es casi obligado repetir.

Segundo día: Backstage, casi enfrente del anterior. Ambiente mucho más tranquilo, para carrozas que todavía pretenden mantener una conversación inteligible. Atención personal por un barman que parece que sabe lo que se lleva entre manos. Gintónic y mojito. Se toma su tiempo. Acepta sugerencias y marcas de bebida, que eliges. Estás a gusto. Y repites. Aquí ya son siete chapas, aunque puedes pagar al final, no cada vez que te sirven la copa. Un alivio saber que no te consideran un mangui.

Tercer día: Infanta, en el Tossal; otro lugar que fue de culto. Una escoba con ropas de mujer, con tremenda desgana, te inquiere con premura. El cuerpo te pide caipirinha, anunciada estelarmente en los carteles. La escoba se va. Vuelve poco después: que no hay, que el que las hace no viene hasta más tarde (-"gilipollas"-, le ves con ganas de apostillar). Bueno, que sea gintónic. Eso sí, preparadito, de buena ginebra. Se va. Vuelve con dos vulgares mezclas de una ginebra ignota, en vaso de tubo, mucho hielo, sin zumo, sin nada. Sin profesionalidad (fiel reflejo de este país de camareros y albañiles amateurs). Eso sí, el módico precio alcanza los siete euros y medio. No repites. Lo alargas, por lo de amortizarlo. A la salida, claro, de corridita te vas a buscar el botellón.

Y así, ad infinitum.

¿No van a hacer botellón, animalitos míos?

Africa

Africa. Más de veinte millones de infectados por el virus del SIDA. El Papa. Los condones.

¡Qué malo! El Papa, digo.

Y de pederastia, ni mu.

Lo de la paja en el ojo ajeno...

Uy, perdón. Por lo de la paja.



17 de marzo de 2009

Fiestas, fiestas, fiestas



Fiestas en el pueblo. Buf.... Y digo en el pueblo porque las fiestas populares no distinguen categorías: da igual capital, ciudad, villa o villorrio. Son eso: de pueblo. En el sentido amplio del término. En todos los sentidos, menos quizás en el político: las fiesta populares son de todo menos del pueblo. Para el pueblo, en el pueblo, con el pueblo.... pero no del pueblo. Son una cinta que une lo intangible con las entrañas, con lo profundo, con el bajo vientre. Se permite la transgresión de apariencia más salvaje; pero dentro del corsé, de la forma, de la fiesta.

Y es que las tradiciones es lo que tienen. Si te desapegas demasiado precozmente, demasiado joven, tal vez dejes de aprender algo tribal, tal vez algún día añores tus raíces.

Si no te despegas de ellas, estás muerto. Sin remisión.
 


10 de marzo de 2009

Un país vestido de seda

En este mundo que pretenden globalizado la apariencia es la sustancia del éxito hasta para la misma globalización: se pretende una aldea global donde sólo hay un mercado. Y aquí llevamos 25 años aparentando ser modernos.

Pasadas las tinieblas, este país se apuntó a la modernidad o, por lo menos, a sus pompas. Apuntarse a sus obras ya era otro cantar. Los dineros públicos habidos y por haber se han ido encauzando hacia proyectos sin fundamento o hacia obras que sonrojarían al mismísimo Keops. Todo ello con dos únicas finalidades: el enriquecimiento de amigos y palmeros y el acopio de ornamentación para dar el pego de modernos. Museos en los que lo menos importante es el contenido. Costosos planes de educación que no educan. Leyes, como la antitabaco, promulgadas con voluntad de ineficacia e incumplimiento; pero con adorno europeo. Vistosas terminales de pasajeros donde éste es el elemento molesto. Trenes de alta velocidad que no se mueven o que lo hacen para deslizarse en un socavón. Leyes de seguridad vial que quitan puntos sin saber si quitan muertos. Y un largo etcétera.

Mientras tanto, políticos y medios de comunicación de tendencia aparentemente opuesta (otra vez la apariencia) se reparten los papeles de protagonista, dama despechada, pandilla de amigotes, coristas y pendencieros abucheadores en una coreografía que aparenta casual. Y de infraestructuras, nada. Y el respetable, aguantando. Y viajando en avión. Y en tren. Y viendo la tele. Y comprando la prensa. Y votando a los de siempre.