Al cónsul tres sofistas vinieron a saludar. El cónsul los sentó a su lado y les empezó a hablar amablemente. Y luego les aconsejó tomar precauciones, bromeando. "La fama trae consigo envidias. Hay rivales escribiendo. Enemigos tenéis". Y contestó con graves frases uno de los tres:
"Que el enemigo de hoy nos dañe, eso e impensable. Los enemigos, los nuevos sofistas, llegarán después. Cuando nosotros, viejos ya, yazgamos miserables y algunos nos hayamos ido al Hades. Nuestros dichos y obras actuales, algo excéntricos (tal vez cómicos) han de parecer, puesto que a su capricho sofística, estilo y tendencias cambiarán los enemigos. Del mismo modo que ocurrió con éstos y conmigo, que tanto transformamos lo anterior. Cuanto nosotros logramos como justo y bello presentar, los otros demostrarán que era superfluo, equivocado, al repetir (sin gran quehacer) lo mismo, transformado. Como hicimos nosotros con la herencia del pasado."