Estoy más solo que la una...
¡Vaya tontería!
Porque entre las dos y las doce tampoco se está tan mal. Que quieres marcha, pues te pasas con las doce que son el grupo más grande y cuando se ponen a dar campanadas parece que no paren nunca, campanada va, campanada viene. Que quieres algo más íntimo, pues te vas con los de las dos, que siempre es más tranquilo y te puedes entretener con sus disputas. O sea, que la una no es Siberia. No son las once, que con los vecinos hacen el macrobotellón del reloj, pero no es para llorar tanto. El resto tampoco está tan mal: que si entre las nueve y las siete, que si entre las cuatro y las seis...
Pero ¿y las dos? ¿qué me dices de las dos? ¡eso sí que es lo peor! ¡entre la una y las tres! Y con el otro palito siempre incordiando. ¿Que te quieres ir con los de las tres? ¡Ah, no! Que sois unos aburridos y siempre os ponéis a hablar de minutos y de segundos, que parece que no sepáis hablar de otra cosa. Y aún así algo se os entiende; pero cuando os lanzáis con años luz y eones ¡no hay quien os aguante!.
Bueno, dices, pues con la de la una... ¡Ni lo sueñes, con esa arpía! A saber qué quiere de ti, continuamente haciéndote ojitos. ¿Qué se habrá pensado? Si no llama la atención parece que no está contenta, siempre tiene que dar la campanada ella solita... ¡Si quiere guerra, que se haga militar! Además, con lo bien que estamos aquí tu y yo solitos, una campanada tú, una campanada yo.
Y tú piensas: efectivamente, una campanada tú, una campanada yo, dos veces al día, por los siglos de los siglos, amén jesús.
Así que yo lo tengo claro: estoy más solo que las dos.
.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario