Transcribo, todo lo literalmente que puedo recordar, sin
añadidos ni florituras, una conversación pillada al vuelo en el parking de un
centro comercial. Palabrita del niño Jesús que fue así y que me quede lelo
si miento.
Una motocicleta Harley-Davidson espectacular, no por lo
grande ni por los niquelados y los cueros, sino todo lo contrario, por la
sencillez y la tremenda impresión de potencia que ofrece, está apoyada sobre su
pata de cabra frente a una tienda. El negro mate domina el espectáculo. Sobre
el manillar un único reloj, fondo blanco y aguja roja, indica las revoluciones.
Los números rodean el círculo blanco: de cero a ocho. Bajo el centro del
círculo, la consabida inscripción “x 1000 RPM”. Dos lugareños, ligeramente por
arriba de los treinta, bien maqueados, se la miran y se la admiran.
─“Guapa la
moto, ¿eh colega?”.
─“Sí que
está guapa, sí. Parece de carreras”.
─”¿Cuánto
cogerá una moto como ésta?”.
─”¡Joder,
pues eso se mira…! ─y se acerca
al cuentarrevoluciones, inclinándose ligeramente sobre la moto─ ¡Coño, vaya jodienda, está en
digital!”.
─”Va, hombre
─con aire de suficiencia─, que eso se puede calcular. A
ver… Mira, lo ves, se multiplica… Mmm…
Ocho… por ocho…, dieciséis… Pues, a ciento sesenta, ¡coge ciento sesenta!”.
Y se queda tan pancho.
Es lo que nos sobra en este país, I+D. Imbéciles y
descerebrados.
(Dedicado, sin cariño, a las autoridades ¿competentes? que
han decidido que la Comunidad Valenciana no participe en el informe PISA. Sepan que no
hacen falta informes PISA para saber qué estamos haciendo con la educación:
basta con alertar la oreja en la calle. Con eso, sobra).
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