Sí, sí, dos.
Ya son dos los ministros de la Obersturmbannführer Angela a los que han pillao con el carrito del
helao. A ambos les ha salido a la cara un asuntillo de fraude en sus tesis
doctorales. Total, hay que ver cómo se ponen por un copia y pega corriente y
moliente, por unos plagios de nada.
Para que luego digan. Aquí eso todavía no ha pasado, si bien es cierto
que la cualificación académica de nuestros ministros, ministras y viceversas es
la que es. ¡Que le pregunten a la Pajín de quién se copió la redacción de
sociales de cuarto!
El escándalo, eso sí, ha acabado con la carrera política del ambicioso
ministro del ejército y quizá acabe con la de la ministra de educación e
investigación (jopé, qué vergüenza: educación e investigación).
A mi modo de ver todo esto ilustra tres enseñanzas:
Uno: la tesis doctoral es lo que es. Mientras unos se dejan los
cuernos, la familia, la vida, en el intento, otros, iluminados por la varita
mágica del poder académico, cogen un parrafito de aquí, otro de allá, unas
foticos de internet, lo sazonan con una poca bibliografía anglosajona que por
supuesto no han leído… ¡et voilà, tesis al dente!
Dos: la susodicha vale para lo que vale. Si para unos pocos es el
trabajo que inicia una línea de dedicación personal y profesional, para muchos
otros es pura moneda de cambio con la que adornan el currículo. Una vez
obtenido el grado ya da igual si fue plagio u original. Mientras no te pillen…
Tres: ¡Coño con los políticos! Nunca sabes si había mierda y ellos la
buscaron o si llegaron primero y la cagaron. Pero parecen indisolublemente
unidos. Ellos y la mierda.
.
No hay comentarios:
Publicar un comentario