16 de octubre de 2012

¡Y van dos!


Sí, sí, dos.

Ya son dos los ministros de la Obersturmbannführer Angela a los que han pillao con el carrito del helao. A ambos les ha salido a la cara un asuntillo de fraude en sus tesis doctorales. Total, hay que ver cómo se ponen por un copia y pega corriente y moliente, por unos plagios de nada.

Para que luego digan. Aquí eso todavía no ha pasado, si bien es cierto que la cualificación académica de nuestros ministros, ministras y viceversas es la que es. ¡Que le pregunten a la Pajín de quién se copió la redacción de sociales de cuarto!

El escándalo, eso sí, ha acabado con la carrera política del ambicioso ministro del ejército y quizá acabe con la de la ministra de educación e investigación (jopé, qué vergüenza: educación e investigación).

A mi modo de ver todo esto ilustra tres enseñanzas:

Uno: la tesis doctoral es lo que es. Mientras unos se dejan los cuernos, la familia, la vida, en el intento, otros, iluminados por la varita mágica del poder académico, cogen un parrafito de aquí, otro de allá, unas foticos de internet, lo sazonan con una poca bibliografía anglosajona que por supuesto no han leído… ¡et voilà, tesis al dente!

Dos: la susodicha vale para lo que vale. Si para unos pocos es el trabajo que inicia una línea de dedicación personal y profesional, para muchos otros es pura moneda de cambio con la que adornan el currículo. Una vez obtenido el grado ya da igual si fue plagio u original. Mientras no te pillen…

Tres: ¡Coño con los políticos! Nunca sabes si había mierda y ellos la buscaron o si llegaron primero y la cagaron. Pero parecen indisolublemente unidos. Ellos y la mierda.
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