22 de junio de 2022

El pendón de Don Pelayo


¡Están todos tan ufanos de la victoria sobre las huestes de Don Pelayo! ¡Hurra por los salvadores de la democracia! Ahora, a vender su debacle electoral como sacrificio por el bien común.

Pues va a ser que no. Pues han sacado más escaños de los que tenían. Pues vaya derrota.

La lozana andaluza de Alicante se ha despachado a gusto. El pendón de la reconquista s’ha jartao de decir necedades y ahora se volverá, Dios mediante, al calor de la paguita de nuestro respetabilísimo Congreso de los Despistados.

Y aquí paz y allá gloria.

Lo único que no les ha venido bien a flechas y pelayos es no poder tocar un poco más las pelotas siendo necesarios para formar gobierno. Eso les habría gustado porque, al igual que les pasa a los Heraldos del Pendón Morado y Desgarrado (que con sus ridículos y escindidos votos quieren marcarse el farol de ser los artífices de la contención de los de Don Pelayo), no les interesa tanto gobernar como manosear los tegumentos, utilizar las instituciones para publicitar su mensaje y amplificarlo, sacar rédito, ponerse las medallas de los logros y desmarcarse del proyecto común cuando no les interesa, cuando quieren desgastar al socio. Clavadito, clavadito a los nacionalistas: populismo de garrafón.

Siempre he pensado que no les interesa la mayoría absoluta: no sabrían qué hacer, no tienen proyecto. En algunos casos hasta supondría su propia extinción. Mientras, unos y otros hacen ruido, sacan pasta, cargos, influencia. Y colocan a los cuñados. Y si algún día llegan -lagarto, lagarto-, su único proyecto será perpetuarse en el poder. Y a la democracia que le den.

Para Don Pelayo esto no ha sido ni siquiera un tropiezo. Ya ha encargado el disfraz para el tren de la bruja de las generales. Le encanta.

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