Durante este mes de marzo dos meteoritos han caído sobre zonas pobladas, cerca de Coblenza y cerca de Houston. Concretamente han aterrizado sobre dos casas; exactamente, sobre dos dormitorios. Para más inri, durante el fin de semana en los dos casos. Es decir, alta probabilidad de pillarte en casa. Pero en ningún caso ha habido víctimas ni daños personales.
Si tenemos en cuenta que las tres cuartas partes de la superficie terrestre son agua y que, aproximadamente, solo el 1% de dicha superficie está recubierto por estructuras de origen humano, la probabilidad de que nos dé uno en la chola es bastante baja. De hecho, los expertos calculan que dicha probabilidad es, más o menos, de 1 entre 174.000.000. Y eso a pesar de que cada año entran en nuestra atmósfera unas 50.000 toneladas de piedrolos espaciales. La mayoría se desintegran por el rozamiento con la atmósfera, por lo que solo las vemos como románticas estrellas fugaces a las que pedir un deseo.
En fin, yo me había hecho el ánimo cuando leí la noticia; pero lo de que le caiga uno a Trump en el tupé va a ser que no. Ni siquiera a Netanyahu.