Otro que ya está entre cuatro velas. Si es que
ya lo decía aquel: ¡tanto lío para acabar muriéndose!
Fue
Comandante-Presidente de la República Bolivariana de Venezuela, dos apelativos
que inventó él porque había que
reinventarse para mantenerse arriba. Curioso y atípico trayecto el de este
mozo: los dictadores suelen tomar por la fuerza lo que se les escapa por las
urnas. Pues el amigo, no. Tomó por las urnas un poder que le resultó esquivo con
la escopeta.
Populista de calle y camino (a diferencia de
los populistas de salón) y sobre todo populista de televisión. Podría ser
perfectamente Comandante Presidente de nuestro gobierno de los Teleñecos. Se
agarró a la cámara y al micro y fue cerrando cámaras y micros en las que no
salía favorecido, que eran unas cuantas. Mensajes directos, sencillos,
bolivarianos y, sobre todo, cubanos: Patria o muerte, Revolución o muerte,
Educación o muerte. Cuando llegaron a la Salud, pararon, que era muy obvio. Y
como buen populista, señaló un enemigo exterior culpable de todos los males del
mundo mundial: Satán, que así llamaba al Presidente de los USA.
Desmanteló la aristocracia venezolana y
provocó la estampida de quienes se habían enriquecido. Esperanzó a los
descamisados y les hizo pensar que no sólo saldrían de pobres, sino que
ocuparían el espacio que dejaron los que huyeron. Nacionalizó la fuente negra
de su riqueza y jugó a patria petrolera. Cada vez más crecido en su papel –y en
eso las urnas le ayudaron- acabó siendo una caricatura de sí mismo. Al final,
el lema se redujo a “Chávez o muerte” mientras
Venezuela seguía siendo, como siempre, un país pobre con mucha riqueza,
o un país rico con muchos pobres, que viene a ser lo mismo.
Y es lo malo que tienen estas cosas, que ahora
va y casca y el lema se queda en “Muerte o Muerte”. Y a ver qué hacemos.
Como Maduro maduro no está, pues han decidido
crear un padrecito de la patria que los observe y dirija y, sobre todo,
mantenga viva la ilusión de continuidad desde un mausoleo: lo van a embalsamar.
A mí me ha venido enseguida a la memoria Vladimir Illich Ulianov, a quien todos
llamaban Lenin. Tantos años y tantas colas y ahora nadie quiere saber nada de
la momia, porque ya les va molestando.
¡Ah, se me olvidaba! Si quieren que les salga
chulo el ninot, que llamen al esteticista de Berlusconi.
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