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21 de marzo de 2026

Nada para evitarlo

 En 1931, Bertrand Russell publicó La perspectiva científica, donde se puede leer lo siguiente: “… el amor del poder ha desplazado a todos los demás impulsos que completaban la vida humana. El amor, el placer y la belleza tienen menos importancia para el industrial moderno que para los príncipes magnates de tiempos pasados. La manipulación y la explotación son las pasiones dominantes del industrial científico típico. El hombre corriente puede no compartir esta rigurosa concentración; pero por esa misma razón fracasa para conseguir arraigo en las fuentes del poder y deja el gobierno práctico del mundo a los fanáticos del mecanismo. El poder de producir cambios en el mundo, que es inherente a los directores de grandes negocios en los tiempos actuales, excede con mucho al poder que poseyeron nunca individuos de otras épocas. No podrán ordenar cortes de cabeza como Nerón o Gengis Khan; pero pueden decretar quién debe morir o quién debe hacerse rico; pueden alterar el curso de los ríos y disponer la caída de los gobiernos. Toda la historia demuestra que el gran poder embriaga. Afortunadamente, los modernos poseedores del poder no se han percatado bien de lo mucho que podían hacer si se decidiesen. Pero cuando este conocimiento comience a iluminarles, cabe esperar una nueva era de la tiranía humana.”

¡Toma ya!, ¡1931!, ¡hace casi cien años!

Es evidente que ese conocimiento del que habla Russell ya ilumina a más de un preboste y tecno-oligarca. A mí, concretamente me dan más yuyu los segundos. A fin de cuentas, al zanahoria ese que gasta más laca que la Thatcher lo ha elegido el personal (que ya son ganas) y, con suerte, pueden darle el finiquito a los cuatro años. Los otros están ahí para quedarse y son los que deciden el reparto del bacalao. El zanahoria, que de tonto no tiene ni el flequillo, intenta pasar por uno de los meta-amazones: se rodea de ellos y ya tiene compradas teles, diarios, opinadores, su red social… Ya decreta quién muere, quién se hace rico, qué gobierno cae, dónde está el golfo de América. Y si le dan cancha, el Amazonas pasará por Mar-a-Lago. De poder, lleva un pedo del quince. Pero aunque a este tarado le retiren la gorrita de Comandante en Jefe, los meta-amazones seguirán estando ahí, alentando el scroll infinito y la idiocia natural para sustituirla por la falsa inteligencia artificial. Como directores de grandes negocios seguirán ostentando el poder de producir cambios en el mundo, de manejar el títere. Mientras, el hombre corriente fracasa para conseguir arraigo en las fuentes del poder y deja el gobierno práctico del mundo a los fanáticos del mecanismo. El hombre un poco menos corriente, el conocido como espabilao, intenta rebañar las migajas y se hace experto en IA, prescriptor, creador de contenido que ni crea ni contiene, o simplemente tiktokero gracioso.

Y todo esto sucede al tiempo que los ucranianos son invadidos y bombardeados, los palestinos son masacrados, a los venezolanos les imponen el gobierno “que más les conviene” y los derechos de los (y las) iraníes son defendidos a bombazos –eso sí, con cierto retraso- por el dúo Jewish Carrot (querían ponerse “Los Chunguitos” pero ya estaba pillado). Ah, y a los cubanos les están enviando barcos de vaselina para cuando se tengan que meter el Cuba Libre.

Los prebostillos hacen de coro griego y comentan la acción, acojonados por si les da un arancel en el morro. Puti va ofreciendo por las esquinas sus encantos y sus barcos fantasma con mucho crudo, contento de que le den un respiro para jugar con los drones en Ucrania. Aliesprés se ha sentado a mirar mientras se frota compulsivamente las manos. El resto hacemos de comparsa, miramos y, sobre todo, pagamos las fantas.

Se dice que Albert Einstein comentó que el mundo es un lugar muy peligroso; pero no por las maldades de los malos sino por la pasividad de quienes no hacen nada por evitarlo. Y va a tener razón don Alberto.

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