Durante años y años nuestros ínclitos chapuzas han dilapidado lo que no divisaban en aras de la mayor gloria y esplendor de la terreta. Eso era lo oficial. Pero la pela se iba por otros sumideros. Amiguetes, palmeros, cuñaos y todo tipo de sabandijas se han estado forrando a nuestra costa. Ahora vienen mal dadas y tocan a rebato: maricón el último. ¿Quién lo va a pagar? Poca ropa, como siempre.
Al respecto, he leído una frase que me ha dado hondo.
Cuando advierta que para producir necesita obtener autorización de quienes no producen nada; cuando compruebe que el dinero fluye hacia quienes trafican no bienes, sino favores; cuando perciba que muchos se hacen ricos por el soborno y por influencias más que por el trabajo, y que las leyes no lo protegen contra ellos sino, por el contrario, son ellos los que están protegidos contra usted; cuando repare que la corrupción es recompensada y la honradez se convierte en un autosacrificio, entonces podrá afirmar, sin temor a equivocarse, que su sociedad está condenada.
Dicen que la escribió Ayn Rand (pseudónimo de la escritora ruso-americana Alissa Zinovievna Rosenbaum) allá por los 50. No sé si es verdad. Ni me importa. Lo importante es lo que dice. Si, además, lo dijo en los 50, pues chapeau para la moza. Y más mierda para los de siempre. Y para nosotros, que los hemos puesto ahí y no hacemos que se vayan derechitos al carajo.
En fin, como me dijo ayer mi hija: o cambiamos de conversación o cambiamos de país.
.
No hay comentarios:
Publicar un comentario