13 de abril de 2020

Sociedad limitada


Perdonad que insista pero ¿no os indigna tanta mezquindad?, ¿no os revuelve las tripas tanta miseria humana?

Aquí todo el mundo intenta arrimar el ascua a su sardina o su sardina al ascua, que tanto da.

A nivel local, el gobierno apelando a la narrativa bélica, a la épica nacional, que si los héroes, que si esta guerra la vamos a ganar… pero vendiendo unos números incomprables. Mientras, el de la coleta se pone de frente o de perfil según le va conviniendo. La oposición echando el órdago: como si con ellos no hubiera habido muertos, precisamente con ellos, vendedores de la sanidad pública al mejor postor de entre sus amigos. La ultraoposición, en un ejercicio de realidad, de maniobras, matando moros con Don Pelayo. Los nacionalistas aprovechando el tirón y aseverando, en cada comparecencia, que ellos lo hubieran gestionado mejor y que con una frontera y sin el estado central todo les hubiera ido chanchi piruli a ellos, a su pueblo. Que si al ejército se lo pueden meter por el ojete. Que el ejército invasor me ponga unos hospitales aquí. Que si ahora ya no los quiero porque no cumplen los “criterios”. Y todo eso con las transferencias en sanidad hechas y gestionadas por ellos desde hace la tira.

A nivel europeo la cantata ha sido hasta irreverente. Alemanes y holandeses haciendo gala de solidaridad: los camareros tenemos que agradecer la propina, no exigirla. Y a recuperarnos pronto para seguir comprándoles y que puedan venir a tomar el sol y beber sangría. Que pa eso estamos. Que si no, habernos hecho calvinistas. La brecha norte-sur se agranda, y se agranda, y se agranda. Y los amigos del ein Volk, ein Reich ein Führer –Una, Grande y Libre para entendernos- pues frotándose las manos.

De mi amigo Boris no diré nada, que lo están peinando y el pobre no se puede defender.

¿Y los rusos? ¿Quién se cree que solo contabilizan unas decenas de muertos? ¿Qué trama el zar de todas la Rusias? ¿Con qué mentirola nos sorprenderá esta vez? Pero no cesa e instiga la propagación de bulos y noticias falsas. Es como el corredor segundón, que viendo imposible alcanzar al primero le pone trabas, zancadillas o lo agarra para que no se le distancie.

¿Y los chinos? ¿Qué me decís de los chinos? Deben estar ya en liquidación por fin de existencias, los tíos. ¿Y de todos los sinvergüenzas que se han constituido en intermediarios de los intermediarios de los chinos? Que me lo quitan de las manos, que me lo quitan de las manos. Y el ministerio del ramo sin hacer públicos los nombres de los vendedores. Y los países entrando a la subasta: catorce mil por la mascarilla a la una, catorce mil por la mascarilla a las dos… el señor del flequillo del fondo ofrece quince mil.

¿Y la intelectualidad? Pues una legión de filósofos desfaenados. Por uno que analiza con mesura el tema hay siete milenaristas y apocalípticos: se ha acabado el mundo tal y como lo conocemos. Adiós a la globalización, al comercio, a los estados. ¡Toma ya! Pero saldremos más fuertes y más sabios; no sabemos cómo, pero así será. De gran utilidad para solventar la crisis, muy práctico todo.

¿Y la alternativa eterna? Pues más de lo mismo. Todo esto es por la crisis climática, por el calentamiento. Juro que el otro día oí a un payo afirmar que todo esto no pasaría sin el cambio climático. Y daba una larga serie de razonamientos, todos a su favor, claro. Ninguno en contra. Y daban ganas de preguntarle ¿hasta cuándo quieres que tiremos pa’trás, mestre? ¿hasta la gripe de 1918? ¿hasta la peste negra del XIV? ¿hasta la de Justiniano? Pues sí que viene de lejos el puto calentamiento. Pierden hasta la razón que tienen: hacía muchos años que no se veían los cielos de nuestras ciudades como se ven ahora.

Y así, vamos pasando. Y echando de menos información desapasionada, centrada. ¿Por qué nadie recuerda al personal que las epidemias son consustanciales a nuestra biología? Las bacterias y los virus evolucionan y mutan –a veces con muy mala leche- igual que lo hacen los burros o los humanos, por poner dos especies similares. Y cuando nos pillan con el paso cambiado pues pasa lo que pasa. ¿Y hay diferencias a lo largo de la historia? Pues claro. Antiguamente la expansión de una epidemia era más lenta simplemente porque la movilidad también lo era. Pero igual de lenta o más era la transmisión de conocimiento y, por tanto, de las formas de contener la epidemia. Y no había investigación como la hay ahora. Y las estructuras sociosanitarias eran una pena –sí, peor que ahora, aunque parezca mentira. Y la plaga se llevaba por delante todo lo que se movía: más de seis millones de muertos en la pandemia de la mal llamada gripe española de principios del siglo XX, aunque peor fue la peste, que dejó en pies quietos más o menos a la mitad de la población europea. Yo, la verdad, no añoraría mucho esa época.

La culpa no la tienen los chinos, ni los de derechas, ni los de izquierdas, ni el sistema económico, ni el cambio climático. Ni siquiera los catalanes. Hay cosas que ayudan más y cosas que empeoran menos; pero lo que menos ayuda es la confusión, la desinformación, la desunión en la lucha contra la enfermedad, los quince sistemas sanitarios distintos, la búsqueda de chivos expiatorios con fines económicos o políticos.

Y lo que vemos es que casi todos quieren cambiarle el collar al perro. Y los que no, ponerle el mismo collar a otro perro. Pero ahí están, el collar y el perro, el perro y el collar.

Lo dicho, sociedad limitada. Mezquindad Mundial, Sociedad Limitada.
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