Perdonad que insista pero ¿no os indigna tanta mezquindad?,
¿no os revuelve las tripas tanta miseria humana?
Aquí todo el mundo intenta arrimar el ascua a su sardina o
su sardina al ascua, que tanto da.
A nivel local, el gobierno apelando a la narrativa bélica, a la épica nacional, que
si los héroes, que si esta guerra la vamos a ganar… pero vendiendo unos números
incomprables. Mientras, el de la coleta se pone de frente o de perfil según le
va conviniendo. La oposición echando el órdago: como si con ellos no hubiera
habido muertos, precisamente con ellos, vendedores de la sanidad pública al
mejor postor de entre sus amigos. La ultraoposición, en un ejercicio de
realidad, de maniobras, matando moros con Don Pelayo. Los nacionalistas
aprovechando el tirón y aseverando, en cada comparecencia, que ellos lo
hubieran gestionado mejor y que con una frontera y sin el estado central todo
les hubiera ido chanchi piruli a ellos, a su pueblo. Que si al ejército se lo
pueden meter por el ojete. Que el ejército invasor me ponga unos hospitales
aquí. Que si ahora ya no los quiero porque no cumplen los “criterios”. Y todo
eso con las transferencias en sanidad hechas y gestionadas por ellos desde hace
la tira.
A nivel europeo la cantata ha sido hasta irreverente.
Alemanes y holandeses haciendo gala de solidaridad: los camareros tenemos que
agradecer la propina, no exigirla. Y a recuperarnos pronto para seguir
comprándoles y que puedan venir a tomar el sol y beber sangría. Que pa eso
estamos. Que si no, habernos hecho calvinistas. La brecha norte-sur se agranda,
y se agranda, y se agranda. Y los amigos del ein Volk, ein Reich ein Führer
–Una, Grande y Libre para entendernos- pues frotándose las manos.
De mi amigo Boris no diré nada, que lo están peinando y el
pobre no se puede defender.
¿Y los rusos? ¿Quién se cree que solo contabilizan unas
decenas de muertos? ¿Qué trama el zar de todas la Rusias? ¿Con qué mentirola
nos sorprenderá esta vez? Pero no cesa e instiga la propagación de bulos y noticias
falsas. Es como el corredor segundón, que viendo imposible alcanzar al primero
le pone trabas, zancadillas o lo agarra para que no se le distancie.
¿Y los chinos? ¿Qué me decís de los chinos? Deben estar ya
en liquidación por fin de existencias, los tíos. ¿Y de todos los sinvergüenzas
que se han constituido en intermediarios de los intermediarios de los chinos?
Que me lo quitan de las manos, que me lo quitan de las manos. Y el ministerio
del ramo sin hacer públicos los nombres de los vendedores. Y los países
entrando a la subasta: catorce mil por la mascarilla a la una, catorce mil por
la mascarilla a las dos… el señor del flequillo del fondo ofrece quince mil.
¿Y la intelectualidad? Pues una legión de filósofos
desfaenados. Por uno que analiza con mesura el tema hay siete milenaristas y
apocalípticos: se ha acabado el mundo tal y como lo conocemos. Adiós a la
globalización, al comercio, a los estados. ¡Toma ya! Pero saldremos más fuertes
y más sabios; no sabemos cómo, pero así será. De gran utilidad para solventar
la crisis, muy práctico todo.
¿Y la alternativa eterna? Pues más de lo mismo. Todo esto es
por la crisis climática, por el calentamiento. Juro que el otro día oí a un
payo afirmar que todo esto no pasaría sin el cambio climático. Y daba una larga
serie de razonamientos, todos a su favor, claro. Ninguno en contra. Y daban
ganas de preguntarle ¿hasta cuándo quieres que tiremos pa’trás, mestre? ¿hasta la gripe de 1918? ¿hasta
la peste negra del XIV? ¿hasta la de Justiniano? Pues sí que viene de lejos el
puto calentamiento. Pierden hasta la razón que tienen: hacía muchos años que no
se veían los cielos de nuestras ciudades como se ven ahora.
Y así, vamos pasando. Y echando de menos información
desapasionada, centrada. ¿Por qué nadie recuerda al personal que las epidemias
son consustanciales a nuestra biología? Las bacterias y los virus evolucionan y
mutan –a veces con muy mala leche- igual que lo hacen los burros o los humanos,
por poner dos especies similares. Y cuando nos pillan con el paso cambiado pues
pasa lo que pasa. ¿Y hay diferencias a lo largo de la historia? Pues claro. Antiguamente
la expansión de una epidemia era más lenta simplemente porque la movilidad
también lo era. Pero igual de lenta o más era la transmisión de conocimiento y,
por tanto, de las formas de contener la epidemia. Y no había investigación como
la hay ahora. Y las estructuras sociosanitarias eran una pena –sí, peor que
ahora, aunque parezca mentira. Y la plaga se llevaba por delante todo lo que se
movía: más de seis millones de muertos en la pandemia de la mal llamada gripe
española de principios del siglo XX, aunque peor fue la peste, que dejó en pies
quietos más o menos a la mitad de la población europea. Yo, la verdad, no
añoraría mucho esa época.
La culpa no la tienen los chinos, ni los de derechas, ni los
de izquierdas, ni el sistema económico, ni el cambio climático. Ni siquiera los
catalanes. Hay cosas que ayudan más y cosas que empeoran menos; pero lo que
menos ayuda es la confusión, la desinformación, la desunión en la lucha contra
la enfermedad, los quince sistemas sanitarios distintos, la búsqueda de chivos
expiatorios con fines económicos o políticos.
Y lo que vemos es que casi todos quieren cambiarle el collar
al perro. Y los que no, ponerle el mismo collar a otro perro. Pero ahí están,
el collar y el perro, el perro y el collar.
Lo dicho, sociedad limitada. Mezquindad Mundial, Sociedad
Limitada.
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