Viene dura, dicen. Durísima, me da a mí. Peor que la de
2007, dicen. Así que habrá que apretarse el cinturón. Ya te digo, de avispa se
nos va aponer la cinturita. Hay que cavilar sin demora estrategias para
enfrentarse a las vacas flacas como los indios de la India, sin comérselas.
Viendo estos días autopistas y autovías de esas que trazamos
cuando éramos ricos, de esas de las que vivieron, viven y vivirán los guerras,
roldanes, bárcenas y fabras ─vuelvo
a lo que iba, que se me calienta la boca─
he tenido una buena idea para contener el gasto y colaborar en el
sobreseimiento de la tenaz crisis que nos agobiará y acogotará. Más aun
viéndolas todas vacías, que va a ser mucho más fácil.
Es muy sencillo: solo hay que eliminar el carril de la
derecha. Ahorramos en asfalto, pintura de las rayas, señalizaciones, obras
diversas de movimiento de tierras y excavaciones... También ahorramos las
comisiones inherentes a las certificaciones de obra correspondientes, amén de
los sobre-cambia-silenciosamente-de-mano que pueda mover la adjudicación de la
obra o de su mantenimiento. Un chollo, tú.
¿Que la autopista es, o iba a ser, de tres carriles?, pues
se quita el de la derecha. ¿Que lo planeado eran cuatro? Se quita el de la
derecha y, si me apuran, hasta los dos de la derecha. ¿Que iba a ser de dos?,
pues lo mismo: se quita el de la derecha.
Total, para lo que los usa la gente. Ni cuenta se iban a
dar.
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