Me he tropezado con un artículo publicado en El País el 10
de mayo de 2009 y no he podido resistirme. Va sobre las exhortaciones que
dirigía a las mujeres la Sección Femenina de la Falange, liderada durante
muchos años por Pilar Primo de Rivera. Por cierto, en mi más tierna infancia
pensé durante años que Pilar Primo de Rivera era hermana de Franco: en el No-Do
salían siempre los dos, su nombre se asociaba habitualmente a lo de “hermana
de”… y, alma cándida, no caí en los apellidos.
La Pilar y sus compinches instituyeron la Sección Femenina
de la Falange para dar presencia a la mujer en el mundo fascista y para
recobrar el “ideal perdido” de feminidad. Instauraron el Servicio Social (la
“mili” de las chicas), donde inculcaban los “nuevos valores” de forma
obligatoria. Por ejemplo, sin el Servicio Social, que estuvo vigente hasta 1977,
no te podías matricular en la Universidad.
Es llamativo que la mayor parte del Directorio de la Sección
Femenina estaba formado por mujeres solteras que tenían una vida pública activa,
viajaban y daban discursos. Igual que la republicana norteamericana Phyllis Schlafly,
ultraconservadora y antifeminista (fue la principal artífice de que no
prosperara la Enmieda de Igualdad de Derechos), que también abogaba por un
modelo de mujer sumisa, mojigata y doméstica, mientras ella no paraba en
torreta. La Phyllis, en cambio, sí estaba casada y era madre de familia
numerosa, aunque la prole estaba al cuidado de institutrices y sirvientas.
Estas arpías pretendían establecer cánones de comportamiento
para la mujer en todos los aspectos de su vida. Los relativos al papel de la
mujer en el mundo, en la casa y en la cama son especialmente suculentos. Ahí
van algunas de las frases de sus manuales o de sus arengas:
“Las mujeres nunca descubren nada; les falta el talento
creador reservado por Dios para inteligencias varoniles”.
“La vida de toda mujer, a pesar de cuanto ella quiera
simular –o disimular- no es más que un eterno deseo de encontrar a quien
someterse”.
“Todos los días deberíamos de dar gracias a Dios por
habernos privado a la mayoría de las mujeres del don de la palabra, porque si
lo tuviéramos, quién sabe si caeríamos en la vanidad de exhibirlo en las
plazas”.
“Si tu marido te pide prácticas sexuales inusuales, sé
obediente y no te quejes”. “Si él siente la necesidad de dormir, no le
presiones o estimules la intimidad”. “Si sugiere la unión, accede humildemente,
teniendo siempre en cuenta que su satisfacción es más importante que la de una
mujer. Cuando alcance el momento culminante, un pequeño gemido por tu parte es
suficiente para indicar cualquier goce que hayas podido experimentar”.
Pues eso es lo que había. Es más, eso es lo que hay. Llevad
cuidado, porque estos cabrones quieren volver. O como se dice ahora para ser
inclusivo: llevad cuidado, porque est@s cabron@s quieren volver. Aunque a mí me
gusta más la forma antigua, porque la inclusividad no está tanto en el lenguaje
como en la mollera.
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