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14 de junio de 2026

León Equispalitouve: veni, vidi, vici

  

Ha venido y se ha ido, dejando a todo dios (guiño) contento. Todo un profesional. Igual que el algoritmo, León ha ofrecido a cada cual lo que quería oír y lo que quería ver.

Los reyes han ejercido de anfitriones, por delante del resto, remarcando su preeminencia ante cargos e instituciones, con sus vástagos (¿habrá que decir vástagas?) bien visibles, para que se sepa que la cosa es familiar.

Cardenales, obispos, curas, monjas y asimilados, con el culo hecho gaseosa, como era de esperar: el capo di tutti capi en persona, con amplia participación en el festival, con sus ropones y sus inciensos, sus misas multitudinarias y sus vigilias inacabables. Les ha dado un toquecito de atención, eso sí, por el tema del gusto por los querubines, pero con una boca excesivamente pequeña y poco proyecto en firme.

También fue a las Cortes, donde repartió con maestría capotazos a uno y otro lado. No faltó una regañina de padre condescendiente, un venga niños, no os peleéis, sabiendo, como cualquier padre condescendiente, que en cuanto volviera la espalda los niños iban a seguir zurrándose. Pero quedó bien. ¿Y aplausos? Los más viejos del lugar no recuerdan una ovación como ésa. Ni en tiempos del tío Paco.

El gobierno lo jalea como defensor de sus políticas sociales y de inmigración, aunque no ha dicho cuántos seminarios y conventos vacíos va a dedicar a albergar refugiados. Ni cuántas viviendas liberará para alquiler social de todas las que tienen esas parroquias ricas que son grandes tenedoras de vivienda. Eso sí, un gran logro que hay que apuntarle a Susanti es conseguir que Pedro Sánchez vaya a misa. Ni más ni menos. A misa. Nuestro prócer, tan laico. ¡Desviar la atención mediática de los casitos que se les vienen encima bien vale una misa!

Los del gavinot lo ven como defensor de la vida no nata y martillo de herejes y rojos. La mayoría suscriben sus palabras sin conturbarse, olvidando sus votos en contra cuando se trata de aplicar legalmente esas palabras. Personalmente los he visto un poco de perfil (¿será que hay una cierta disarmonía interna entre los ultracatólicos y los laicos?).

Los catalanes andan de subidón porque tienen la catedral católica más alta del mundo mundial (lo que es tremendamente provechoso para sus ciudadanos) y porque han podido demostrar que a espectáculos de fasto y esplendor no les gana ni Disney, que lo de las olimpíadas no fue una casualidad. Susanti les ha dedicado unas palabritas en catalán, sabiendo que eso les reconforta y le sube el espíritu.

Los socios del gobierno y los de Don Pelayo lo miran esquivos porque los deja a un lado; pero acuden (los que menos) y aplauden (los que más). Unos dicen que en el fondo predica lo que ellos pero que no lo pone en práctica y los otros, que les gustaría tener la política de inmigración del Estado Vaticano. Como siempre, un acierto en sus reflexiones.

¿Y el personal? Pues la gente, entre tanta mierda repartida a troche y moche, necesita entretenimiento, espectáculo, y el mundial todavía no había empezado. Unos a favor, otros en contra, la cuestión es que se ha alimentado la tertulia nacional y se ha entretenido a las masas. El que quería mensajes profundos, ha tenido mensajes profundos; el que quería grandes manifestaciones formales de poderío ha tenido ceremonias a tutiplén; a quien le gustan las aglomeraciones sin sentido, ha podido pegarse tutes maratonianos; quien no podía moverse ha tenido, en fin, horas y horas de retransmisión televisiva. Todos contentos. A nivel popular ha sido un majestuoso plan de propaganda que, seguro, revitaliza, aunque sea con efecto limitado en el número y en el tiempo, los vacíos bancos de las iglesias.

Así pues, la visita ha sido un éxito en todos los aspectos. El Papa ha logrado demostrar a creyentes y ajenos que por algo es el CEO de una empresa con más de dos mil años de historia. Un profesional con experiencia.

Finalmente, para que León Equispalitouve tuviera una idea completa de lo que es este país, lo subieron a un avión de Iberia. El de Ryan Air no les venía bien porque les cobraban mucho por llevar el báculo y la mitra; incluso pedían un suplemento por el solideo. Fue subirse en el de Iberia y ding-dong, queridísimos hermanos, nos notifican que el despegue podrá retrasarse por un problema técnico: en el viaje de venida uno de los reactores ha sufrido el impacto de un ave. Caras de horror, Su Santidad empalidece; no habrá sido el palomo, ¿verdad? Pregunta a los auxiliares de vuelo y le responden que no, que ha sido un chirimirí de la pradera, en peligro de extinción. Sus Eminencias respiran aliviados. 

Lo cierto es que no avisaron de la avería hasta que no estuvieron todos dentro, para no ensombrecer los actos de despedida que ya se habían efectuado. No me imagino a Papa, séquito, reyes, autoridades, acabados ya los himnos, mirándose unos a otros. Pues sí, ha hecho buen tiempo ¿verdad Santo Padre? Sí, sí, muy bueno. ¿Qué no nos vamos? Es que algo le pasa al avión. Yo ya dije que mejor con Alitalia. Calle eminencia, que lo van a oír…

Bueno, una vez dentro, pregunta el camarlengo ¿Y ahora qué hacemos? Podemos cantar qué alegría cuando me dijeron, sugiere un secretario. No es lo más apropiado, pienso yo, dice otro. Que alguien pregunte, por favor. Yo voy.

La solución al parecer la da el monarca en un arrebato de bonhomía: que cojan el Falcon. ¿Cómo el Falcon? pregunta el Presidente. Una cosa es tener que ir a misa y otra tener que volver en vuelo regular de Iberia. No, no, me refría al mío, refuta en rey. Vale, así bien.

Total, Falcon para aquí, Falcon para allá, vuelo de Iberia para aquí, vuelo de Iberia para allá.

Y a todo esto, servidor haciendo la declaración de la renta y llorando desconsoladamente al vislumbrar el roto que me van a hacer. Imposible no pensar ¿y quién paga todo esto? ¿El Espíritu Santo?

 

 

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