Incomprensiblemente había sitio para fondear en Porroig, donde siguen proliferando las boyas incontroladas. Llega un tío, echa un muerto con una boya y se asegura el lugar del fondeo para todo el verano (o para todo el año) en una cala muy bien resguardada de casi todos los vientos. Y no pasa nada. Y se cree que genera un derecho de ocupación porque la boya es suya, olvidando que la costa y el mar son de todos. Pero nadie hace nada. Las autoridades parecen muy ocupadas en seguir jodiendo los fondeos para que vayamos a morir a las explotaciones comerciales de las marinas, donde te crujen con tarifas exorbitantes: un amarre, un trozo de agua, de cuarenta y pocos metros cuadrados se cotiza como una habitación de cinco estrellas. Así andamos.
Hacemos noche en esta cala prácticamente deshabitada y muy tranquila y empezamos a pensar que el tiempo se nos acaba.
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