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23 de junio de 2026

Alí-Babá no, que está ya muy visto

 

¿Quién no ha soñado alguna vez con el atraco perfecto?

Yo no me quejo. Me gano bien la vida y me permito mis caprichos. Pero hay que currárselo. Y si, como me pasa a mí, hay que currárselo mucho, pues como que no tienes tiempo. Pero la imaginación, al menos la mía, vuela que te vuela te lleva al boleto premiado, al pelotazo y… al atraco perfecto. Aventura, riesgo y pasta: una pasada. Llegados a este punto has de coger los mandos y decirle a la imaginación que aterrice de una vez y deje de proponer sandeces. ¿Dónde voy yo con una banda de atracadores? ¿Quién me traerá tabaco al talego? Calla, calla.

Pero al fin he tenido una epifanía, he visto claramente la forma y manera. El atraco perfecto. El plan infalible. Y quiero compartirlo con vosotros. El esquema es reproducible simplemente cambiando el hecho delictivo y adecuando la banda a éste. Veamos.

Primero, el objetivo. He de reconocer el morbo, el subidón. Se trata de hackear las cuentas nada más y nada menos que de Hacienda. ¡Buaaaaa! En julio, claro, que estén bien rellenitas.

Segundo, la banda. Esto no puedo hacerlo solo. He de aliarme con dos o tres, no más, chorizos de primer nivel, con pedigree, con experiencia. La crème de la crème. Un par de tipos con prestigio, conocimientos y sin escrúpulos. Puedo, incluso, crear un par de equipos; eso sí, haciendo la selección en bandas rivales, que siempre es útil si vienen torcidas. Para convencerlos he de dar la chapa de malote y, desde el principio, financiarlos con generosidad. Por ejemplo, unos diez mil al mes. Y pagarles los vicios y caprichitos. Que quieren ir al bar de lucecitas, pues al bar de lucecitas, que invito yo.

Tercero, el operativo. De eso se tiene que encargar la banda, que para eso les pago. Yo, a financiar. Que usen sus contactos y obtengan toda la información necesaria, que unten lo que haya que untar y que engrasen lo engrasable. Tienen que obtener los códigos, ganar el acceso y establecer la forma de transferir los fondos al lugar que yo les indique, por supuesto off shore.

Cuarto, el botín. Tirando a la baja serán unos milloncejos. Mínimo, cuatro. Para mí. Para ellos, ya veremos. Que trinquen lo que puedan. Me he informado que estos de las bandas siempre sisan lo que no está en los escritos. Y habrá que descontar los gastos con los que los he financiado, que tonto tampoco.

Quinto, el desenlace. Con los fondos transferidos y a buen recaudo, opacos como patrimonio de político, viene la parte más delicada de mi papel. Hecho un pincel, bien vestido, arreglao pero informal que se dice, me acerco a una comisaría de cierto postín, no un garito de extrarradio. O a una comandancia de la Guardia Civil. O directamente a la UCO o la UDEF, que están tan de moda. Les indico que tengo información relevante sobre el atraco a las cuentas de Hacienda. Me pasan con alguien importante. Solicito que también esté presente la fiscalía (esto lo tengo que consultar con algún amiguete abogado porque no sé si es una majadería). Cuando los tenga a todos reunidos, solemnemente, declararé que he sido yo. Pero que en mi soledad de delincuente los remordimientos no me dejan vivir, que no dejo de pensar que Hacienda somos todos, que estoy arrepentidísimo, que no lo haré más, que no volveré a pecar. Delataré a los de la banda y a sus contactos, sean estos ciertos o no. Daré detalles de la operación. Proporcionaré fotocopias de los deneís. Y cantaré hasta la del rosario de mi madre.

Sexto, el cierre de telón. Me enchironarán, pero previsiblemente durante poco tiempo. Me soltarán a espera de juicio. A los de la banda, no, que son peligrosos. Aprovecharé ese tiempo libre para intoxicar un poco el tema dando entrevistas a cualquiera que diga que es periodista. Bueno, a ésa, no. Seremos juzgados. A los de la banda les caerá la del pulpo. A mí, no. Una condenita de nada y, por mi valiente, expresa y relevante colaboración con la justicia, igual ni piso talego. De la pasta, ni mención.

Os juro que funciona. ¡Está probado!

Ah, lo último. Me han dicho que todo chorizo que se precie tiene un alias. Yo había pensado “Alí-Babá” pero es muy poco original, está muy visto. Ahora ya lo tengo. Este sí que es bueno: me haré llamar “Al-Dama”. Chulo, ¿eh?

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