31 de marzo de 2020

Personajes inolvidables



Ya comenté hace unos días el trato dispensado a los bravos compañeros del metal. Bueno, pues ayer me llegó la copia de un escrito supuestamente remitido por la Junta de Personal a la Gerencia de un hospital. Firmado por todos los sindicatos, al parecer. Yo no podría jurar que no es falso, porque es una foto enviada por el móvil. Pero no me extrañaría nada que fuera cierta. Me decepcionarían mucho si fuera fake, con toda la confianza que he depositado en ellos.

Reza así:
“Sr. Director Gerente:
Hemos recibido la solicitud de nuestra incorporación a la actividad asistencial sin que en la lectura de su escrito se aporte ninguna información detallada y específica que justifique la misma. Simplemente hace mención a la situación de emergencia sanitaria y supuesta carencia y dificultad para encontrar profesionales que cubran las necesidades de las diferentes categorías.
Esto nos obliga a solicitarle que aporte la información detallada necesaria que justifique sus afirmaciones y su solicitud, dado que hasta el momento no ha remitido información alguna a esta Junta de Personal que determine el agotamiento de las bolsas de trabajo de las diferentes categorías. Creemos que es necesario identificar primero cuáles son esas necesidades, en qué categorías y priorizar la cobertura de aquellas que sean más necesarias asistencialmente.
(…)
Le agradeceremos que nos aporte toda esa información debidamente documentada para poder valorar seriamente su solicitud y, poder priorizar las actuaciones de los miembros de esta Junta de Personal...”

Con dos cojones. ¿Son héroes o no?

A ver, coño, señor Gerente, ¿cómo se le ocurre decirnos que dejemos nuestra liberación sindical y nos pongamos a currar sin especificar “detalladamente” los motivos? ¿Se piensa usted que con decir que hay una situación de emergencia sanitaria es suficiente? ¿Y si se lo está inventando usted? Porque ni en la prensa, ni en la radio, ni en la televisión han dicho nada, hombre. Tampoco será para tanto. Además, ¿qué dice usted? Si no se ha acabado la bolsa de trabajo. Seguro que queda alguien agazapado en algún rincón que puede usted reclutar. ¿Cómo se atreve a decirnos que nos incorporemos al curro, hombre? ¿Y quién va a hacer nuestra imprescindible labor? ¿Quién velará por los proletarios del mundo, uníos parias de la tierra? Mire, hombre, usted se lo mira bien, lo recuenta todo, hace cálculos y, si eso, pues nos llama y quedamos. Si no contestamos de entrada es que estamos ocupados. Insista, que al final alguien cogerá el teléfono. Luego, hacemos una ronda de negociaciones y valoramos todo lo que haya que valorar. Nosotros consultaremos en menos de 30 días a las bases, luego a las alturas y partiremos por dos. Con eso tendremos el área del triángulo. ¿Qué para qué sirve eso? ¿No me diga que no lo sabe? Pues eso está en el manual básico y se da en primero de Liberado. Así que si quiere que valoremos “seriamente” su solicitud –cállate Gómez, que me da la risa y hago faltas de ortografía- pues nos envía un wasap y ya vamos viendo.

Si no es que no haya que ir, pero ir pa na…

Ahora vas y te afilias.

27 de marzo de 2020

Matemáticas recreativas


Con todo este baile de cifras no hay quien se aclare. O parece que no hay quien se aclare. O alguien no quiere que el personal se aclare, que ha de haber a gusto de todos.

El número de casos exacto es virtualmente imposible de conocer: habría que testar a toda la población varias veces para tener solo una aproximación. Esa sería la incidencia (casi) real. Así pues, desconocida. Si estudiamos bien a una parte de la población que sea representativa del total, podemos inferir la incidencia en toda la población. Dos premisas fundamentales: la población estudiada es representativa de la total y se hace un estudio exhaustivo, completo, de esa subpoblación. Obtenemos una estimación. La incidencia real sigue siendo desconocida. Si la subpoblación se estudia de forma incompleta, lo que obtenemos es una estimación de la incidencia en esa subpoblación. Y con ella, una estimación en la población general. Estimación de una estimación es igual a error cada vez más grande.

Ninguna de las dos cosas se ha hecho. En ningún país, que yo sepa. Ergo, no sabemos la incidencia real. Ni siquiera la aproximada. ¿Y es importante? Pues sí. Cuanto más nos aproximemos a la incidencia real mejor conoceremos el comportamiento de la enfermedad, los casos graves, la letalidad y sus marcadores y podremos hacer previsiones de necesidades y comportamientos con mayor fiabilidad. Y podremos ir un poquito por delante, para variar. Pero esto es epidemiología.

Por otra parte, cuantos más casos individuales seamos capaces de diagnosticar (y eso ya no es una estimación) mejor podremos aplicar las pautas de prevención, aislamiento, uso de recursos, etc. Eso sí se ha hecho en algunos países, especialmente en Corea del Sur y en Alemania. Diagnosticar a mucha gente lleva a poder confinar únicamente a los enfermos, por ejemplo. Además, cuanto más diagnósticos tengas más real es la cifra de casos leves, graves y letales. Por eso es en Corea y en Alemania, precisamente, donde las cifras de mortalidad son más bajas. Aquí no se han hecho pruebas de diagnóstico a casos leves, a contactos, a personal expuesto... Y cuando se ha hecho ha sido con criterios cambiantes. Es por ello que el número de casos es un guarismo absolutamente inútil en el país. Si, finalmente, una vez superada la fase de timo y aprovechamiento, empiezan a hacer pruebas a troche y moche, tendremos un repunte en el número de casos (que tampoco tendrá ningún sentido) y una disminución de la letalidad, que debería aproximarnos a la que se va encontrando en otros países.

Otra forma de estimar el número de casos es a partir de un dato más robusto, como es la mortalidad. El número de fallecidos es mucho más preciso, sin llegar a ser exacto (habrá fallecidos que no tendrán hecho el test y positivos que pueden haber muerto por otra causa). Podemos, pues, partir de ahí.

Esta mañana, las cifras oficiales eran, para España, de 57.627 casos y 4.365 fallecidos, lo que supone una mortalidad del 7,5%. Las estimaciones de mortalidad proporcionadas por otros organismos oscilan entre el 0,7% de las más optimistas y el 4% de las más pesimistas, obtenidas fundamentalmente de entornos con tasas elevadas de realización de pruebas diagnósticas. Italia, caso aparte, presenta una tasa de mortalidad del 6,8%.

Si hacemos estimaciones de casos posibles en España a partir de cifras de mortalidad obtendríamos lo siguiente (hay que tener en cuenta que siempre se infraestima el número de contagios):
-Para una mortalidad del 0,7% (el lado bueno de la horquilla), alcanzar 4.365 fallecidos supone la existencia de 623.571 contagiados
-Para una mortalidad del 4% (el lado malo), 4.365 fallecidos permite presumir la existencia de 109.125 contagiados.
- Si nos ponemos en lo peor, con la tasa italiana del 6,8%, en España al menos habría 64.191 contagiados.

El baile es tremendo: lo más probable –no deja de ser una estimación- es que a día de hoy en España haya entre 109.125 y 623.571 casos.

Lo más terrible es que si solo hay 57.627 diagnosticados “oficiales”, el resto debe andar por ahí tosiendo. Y es que aquí lo hacemos todo en negro, ahorrándonos el IVA.
.

26 de marzo de 2020

¿Para cuándo hacer caso a la ciencia?


Esto son parte de las conclusiones de un trabajo publicado en la revista de la American Society for Miocrobiology en 2007:

“…. The presence of a large reservoir of SARS-CoV-like viruses in horseshoe bats, together with the culture of eating exotic mammals in southern China, is a time bomb. The possibility of the reemergence of SARS and other novel viruses from animals or laboratories and therefore the need for preparedness should not be ignored."

("La presencia de un gran reservorio de virus similares al SARS-CoV en los murciélagos de herradura, junto a la cultura en el sur de China de comer mamíferos exóticos es una bomba de relojería. La posibilidad de reaparición del SARS y otros virus nuevos procedentes de animales o laboratorios y, por tanto, la necesidad de planes de preparación no debería ignorarse")

 Cheng VCC, Lau SKP, Woo PCY, Yuen KY. Severe acute respiratory syndrome coronavirus as an agent of emerging and reemerging infection. Clinical Microbiology Reviews 2007; 20: 660-694

.

25 de marzo de 2020

Una de bomberos


Os voy a contar una historia de bomberos. Nosotros, los bomberos, tenemos muchas anécdotas que compartir.

Fue hace ya tiempo. En aquel entonces, nuestro parque se encontraba en una calle céntrica de la ciudad. Habían pintado recientemente la fachada y todo parecía bonito y reluciente, aunque lo cierto era que llevábamos muchos años arrastrando una situación cada vez más precaria. Las solicitudes de material más moderno eran constantemente desatendidas. Las mangueras empezaban a estar viejas, los camiones bomba se iban deteriorando. Y casi nada era sustituido. Siempre andábamos cortos de personal y los mecanismos para sustituir bajas y jubilaciones eran tan retorcidos y tan ajenos a las necesidades que, por ejemplo, cuando necesitábamos un conductor, nos enviaban un auxiliar administrativo; si precisábamos un especialista en fuegos químicos, aparecía un experto en voladuras.

Lo cierto es que, con buena voluntad, íbamos apagando todos los fuegos, generalmente a costa de mucho estrés laboral y personal. Pero hacíamos que la cosa funcionase.

Llegó un momento en que los jefes locales del Servicio de Extinciones, Fuegos, Zarandajas y Zarandajos (SEFZZos, que así se llamaba) idearon una externalización de los servicios, otorgando parte de los parques locales a algunas empresas privadas. Decían que así se gestionaban mejor y eran más eficientes. Claro, eficientes para ganar dinero. Estas empresas compraron dos bonitos camiones rojos, ultramodernos, relucientes y los iban enseñando, paseándolos por las calles. La gente se arremolinaba y los contemplaba y se decían unos a otros, mira como tienen razón, eso sí que es material moderno y, además, si hace falta, te envían el camión solo para tu casa. Pero, claro, las empresas querían beneficios y decían que el modelo era maravilloso, pero que el SEFZZos tenía que darles más dinero. Y así, la inversión que tenía que ser para todos los parques se gastaba en rescatarlos. Bueno, en ellos y en un parque enorme que construyeron, que parecía la pirámide de Keops. Con mármoles y cristales y todo. Solo había una pega: tenía que atender los incendios del norte de la ciudad y lo habían construido en el sur. Justo al lado de donde había muchos solares vacíos. Que digo yo que qué bien les vendría a los dueños de esos solares, con lo que revitaliza el tener cerca un parque de bomberos. Y así íbamos tirando.

Cuando llegaron las elecciones parecía que todo iba a cambiar; pero solo cambió el color del poder. Se reestructuró el SEFZZos, que pasó a llamarse Servicio Universal y Público de Fuegos, Fuegas, Zarandajas, Zarandajos y X (SUYPFFZZX, que, la verdad, de entrada, era más fácil de pronunciar). Enseguida dijeron que de externalizar, en todo caso otras cosas, pero no los parques. El suministro, el mantenimiento, cosillas menores. Hala, a deshacer. Para ser sincero, nos las prometíamos muy felices. Pero las mangueras eran las mismas, los camiones bomba seguían picando biela y los auxiliares administrativos y técnicos de demolición continuaron apareciendo en vez del personal que necesitábamos. Una política de café para todos en la que los sindicatos tenían siempre más que decir que los jefes de las unidades. Y para entrar, el mérito más valorado era la ausencia de méritos (siempre que tuvieras un papel que dijera que dominabas la lengua de Ausiàs March aunque fueras de Badajoz y dijeras coyons en vez de collons).

En esas estábamos cuando, un buen día, empezaron a aumentar el número de pequeños incendios. Ya sabíamos que eso había estado pasando en otros lugares, más bien lejanos, y que había ido a más. Tanto los bomberos más expertos como los más antiguos empezaron a alertar que tal vez habría que ir tomando precauciones. Esto aquí no va a pasar, tenemos la mejor sanidad del mundo mundial, fue la respuesta. Vale, vale, pero las mangueras… Déjese de mangueras, hombre, que lo único que consigue es generar pánico en la población. Además, cómo vamos a prohibir la magna manifestación, cómo vamos a impedir el legítimo solaz del pueblo en la mascletá. Está usted loco o qué. Vale, vale, pero no tenemos máscaras antigás y las botellas de aire comprimido vienen por la mitad desde que está la contrata. Y los sistemas de detección no han llegado. Además, no hay combustible para los vehículos… Se me calla o lo expediento, catastrofista de mierda. A sus órdenes, sire.

Las continuas salidas fueron mermando nuestras fuerzas. Los bomberos intoxicados tuvieron que quedarse en casa unos días. El fuego alcanzó el vecindario del parque. Cada vez éramos menos. Algún bombero falleció. Seguimos avisando. Nuestros medios estaban en mínimos y nuestros efectivos, exhaustos. Pero desde la ventana de los directivos del SUYPFFZZX ni siquiera se veía el humo. Ellos tenían vistas al mar. La población, al menos, nos lo agradecía. Pero tampoco acababan de enterarse del todo. Tampoco tenían por qué. La publicidad institucional tenía mucha fuerza.

El fuego afectó finalmente al parque. Y empezaron todos a correr y a querer comprar todo lo que no habían querido comprar durante años. A buenas horas. Los sistemas de detección llegaron cuando todo ardía; las máscaras antigás, nunca; las mangueras y los coches los compraron al doble de su precio y también llegaron tarde.  

En lo más encarnizado, la jefa del SUYPFFZZX local dijo en rueda de prensa que si los bomberos se estaban quemando o intoxicando podía ser porque fumaban o tiraban colillas cuando fumaban con sus novias, a las que, por cierto, no podían ver desde hacía días. Los bomberos protestaron, pero siguieron en sus puestos. Sorprendentemente, algún jefe de parque emitió una circular en la que expresamente prohibía a los bomberos hacer comentarios sobre los incendios sin el permiso correspondiente, ni en Twitter, ni en Facebook ni en la Hoja Parroquial. A una jefa de unidad la degradaron por criticar la gestión de su SUYPFFZZX local, que allí se llamaba Servicio de Tal Vez Subo o Tal Vez Bajo Mientras Apago el Fuego –STVSTVBMAF. A la vez, dos bomberos morían tras estar en primera línea.

La situación se fue haciendo caótica. Como casi todo en esta tierra, el tiempo lo acabó malarreglando todo. Las autoridades nos pusieron como héroes, como salvadores de la civilización. Los grandes bomberos y bomberas y bomberitas y bomberitos y X. Eso sí, con el mismo sueldo, la misma dotación, el mismo aparataje, el mismo extravagante sistema de acceso. Y aquí seguimos, apagando fuegos y comiendo perdices. Lo de felices todavía lo estamos esperando, como la infraestructura.

Es un cuento triste, pero puede contarse. Peor es lo que le pasó a un amigo mío que trabajaba en un hospital. Allí, el Servicio de Cúrame Antes Cúrame Hoy Obligatoriamente Pública y Universal con Transversalidad Autonómica (SCACHOPUTA) prohibió terminantemente a sus empleados hacer ningún tipo de comentario sobre los problemas internos. Sí podían hacerlo, en cambio, sobre los éxitos y las bondades.

Pero, por suerte, yo soy bombero.

(Dedicado, con muchísimo cariño, a todos los bomberos y bomberas y bomberitos y bomberitas y X)
.