15 de octubre de 2013

I+D



Transcribo, todo lo literalmente que puedo recordar, sin añadidos ni florituras, una conversación pillada al vuelo en el parking de un centro comercial. Palabrita del niño Jesús que fue así y que me quede lelo si miento.

Una motocicleta Harley-Davidson espectacular, no por lo grande ni por los niquelados y los cueros, sino todo lo contrario, por la sencillez y la tremenda impresión de potencia que ofrece, está apoyada sobre su pata de cabra frente a una tienda. El negro mate domina el espectáculo. Sobre el manillar un único reloj, fondo blanco y aguja roja, indica las revoluciones. Los números rodean el círculo blanco: de cero a ocho. Bajo el centro del círculo, la consabida inscripción “x 1000 RPM”. Dos lugareños, ligeramente por arriba de los treinta, bien maqueados, se la miran y se la admiran. 

“Guapa la moto, ¿eh colega?”.

“Sí que está guapa, sí. Parece de carreras”.

─”¿Cuánto cogerá una moto como ésta?”.

”¡Joder, pues eso se mira…! y se acerca al cuentarrevoluciones, inclinándose ligeramente sobre la moto ¡Coño, vaya jodienda, está en digital!”.

”Va, hombre con aire de suficiencia, que eso se puede calcular. A ver…  Mira, lo ves, se multiplica… Mmm… Ocho… por ocho…, dieciséis… Pues, a ciento sesenta, ¡coge ciento sesenta!”.

Y se queda tan pancho.

Es lo que nos sobra en este país, I+D. Imbéciles y descerebrados.

(Dedicado, sin cariño, a las autoridades ¿competentes? que han decidido que la Comunidad Valenciana no participe en el informe PISA. Sepan que no hacen falta informes PISA para saber qué estamos haciendo con la educación: basta con alertar la oreja en la calle. Con eso, sobra).
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6 de julio de 2013

La Mar Océana (y II)

Días 29 y 30 de junio y 1 de julio

Aquí estamos, atrapados por el viento de levante, que sigue pegando fuerte en el Estrecho. Las previsiones indican que empieza a amainar el día 1, así que nos dedicamos al dolce far niente y aún así tenemos ocupado todo el día. Nos invade un estado peculiar, propio del barco: primero piensas "Hay que hacer esto y aquello..."; entras acto seguido en la segunda fase con el "Ahora enseguida me pongo..."; miras al cielo, al pantalán, a ese barco que entra o sale, a las maniobras de atraque, siempre tan entretenidas, especialmente con mucho viento, lees un poco ("Acabo el capítulo y ¡en marcha!..."); sin darte cuenta estás en la fase tres, cuando ya es hora de ir a la ducha, vestirte y salir a dar una vuelta y cenar. Y así pasa el tiempo. Y los días.

En fin, qué le vamos a hacer. Hemos tomado cervecitas y fino (si es del Puerto) o manzanilla (caso de ser de Sanlúcar), que nos han dicho que no se pueden cometer errores sobre tan delicada materia. Nos hemos puesto hasta allá de fritanga de la buena y ya sabemos que las tortitas de camarones de Casa Balbino, en Sanlúcar, son de concurso. ¡Todo un penar!

Decidimos, por fin, ponernos en marcha el lunes 1 por la noche y llegar al Estrecho con la pleamar, que dicen los libros que es lo más conveniente. Afortunadamente existen los lugareños, sin duda el mejor derrotero del mundo mundial. El consejo experto de uno de ellos nos dice que nos olvidemos de pleamares y bajamares, que la corriente "siempre va p'allá". Que intentemos hacer el camino con luz. Nos indica cómo se pueden pasar según qué almadrabas sin perder el resguardo de la costa, dónde podemos arrimarnos y dónde no. Un completo acierto seguir sus indicaciones (¡gracias, amigo!). Con todo ello, nos haremos a la mar rondando las cinco de la mañana del martes día 2.

La tripulación vamos a ofrecerle al capitán un bonito regalo de cumpleaños: pasar el Estrecho.

Permítaseme aquí una corta disgresión sobre la compleja y retorcida personalidad de quien, incomprensiblemente, está al mando de esta nave. Porque el regalo lo recibirá –en vez de un motín, que sería su mayor merecimiento– a pesar de su ejercicio malévolo de la autoridad. En primer lugar, el capitán es negligente en la cumplimentación del cuaderno de bitácora, utilizando el consabido truco del "negro" que se lo escribe todo. Comete y permite arbitrariedades en el cumplimiento del horario: son ya proverbiales sus retrasos a la hora de entrar de guardia, con el consiguiente menoscabo de la salud del resto de tripulación. Ejerce el nepotismo: su mujer, como es su mujer, está rebajada de guardias nocturnas, así como la oficial de Intendencia, con la que al parecer también está liado (aunque con la oficial de Intendencia no me puedo meter, porque es la única que ejerce el cargo con rigurosidad y eficiencia y ni siquiera en las peores condiciones de mar se ha retrasado el aperitivo de las 13:30). El capitán, y también otros miembros de la tripulación, padece la terrible lacra de la cleptomanía, especialmente con los instrumentos electrónicos ajenos. También es descuidado con la policía y orden del barco, manchándolo todo, con lo que me tiene a la oficial de Intendencia y Mantenimiento hasta la coronilla, que no sé cómo le aguanta. Por último, no porque se hayan agotado las sinuosidades de su difícil carácter, sino por no extenderme, el capitán es proclive a utilizar la violencia física, aunque ya le hemos convencido de que el látigo de siete colas no es el mejor acicate para que la tripulación desenrolle la vela mayor. Sobre todo cuando el material es defectuoso. ¡Haber invertido más en velas y pertrechos!

Pero la gente de mar somos generosos y le vamos a ofrecer de todas formas el regalo. Luego, sin rencor, algún día se las devolveremos todas, tal vez con un paseíto bajo la quilla.

Día 2 de julio

Según lo previsto nos hacemos a la mar a las 5 de la mañana, con un suave poniente (¡al fin!). Como era de prever, el poniente se convierte en levante a las pocas millas y, siguiendo la derrota aconsejada por nuestro experto local, vamos tragando millas sin ningún problema aunque, eso sí, el viento de proa nos impide navegar a vela. Pero el objetivo hoy es pasar al Mediterráneo y no ser puros, puros.

Conforme nos vamos acercando al Estrecho el viento va subiendo de intensidad, pero muy razonablemente. Doblamos cabo Trafalgar en una navegación plácida. Cañonazos, gritos, abordajes, dolor, victoria y derrota me inundan la cabeza aún sin quererlo.

Seguimos y casi sin darnos cuenta, tras el aperitivo (¡tres hurras por la oficial de Intendencia!) y la comida (¡otras tres!), divisamos una nube de kite-surf y wind-surf: estamos llegando a Tarifa y el viento vuelve a subir un poco. Al abrigo de la costa pasamos la almadraba con sonda de 5-6 metros y, sin más, nos plantamos en punta Tarifa. A las 15:35 hora de abordo doblamos punta Tarifa: ¡estamos en el Mediterráneo! Sin duda, un pequeño paso para la humanidad pero un gran paso para nosotros, que nos tenía acojonados y al final hasta nos decepciona un poco, sin olas, vendaval ni rociones. Nos felicitamos y felicitamos al capitán. Primer fallo de Intendencia registrado en esta singladura: ni un mal traguito que llevarse al gaznate, ni ron, ni cava, ni siquiera gaseosa...

El viento, como es habitual, cae de intensidad nada más doblar Tarifa. Arrumbamos a punta Europa, territorio de la pérfida Albión, a quien dedicamos un generoso corte de mangas. Pasada la bahía de Algeciras y punta Europa puede decirse que el Estrecho se ha acabado. ¿Qué voy a decir del peñón? Pues que me ha decepcionado. Yo lo recordaba más peñón y menos montañita... Pero ahí está. Desde luego, al patrio gilipollas que se le ocurrió que era intercambiable por algo lo tenían que haber colgado de los huevos de un poste y exponerlo en plaza pública. Porque ahora, que con un pepinazo del ocho la guerra se acaba en un santiamén, vale que lo de las posiciones estratégicas viene a ser muy relativo. Pero entonces, sin canal de Suez, la roca permitía el control de todo el tráfico marino del Mediterráneo con el exterior. Hay que ser gaznápiro. O embolsarse mucha pasta. Y conociendo los genes de nuestra clase política va a ser que...

El plan inicial era dirigirnos a Almerimar, en la vertiente oeste de la bahía de Almería. Pero hemos perdido muchos días en Rota y, visto que la mar está bien, la previsión es buena y tenemos ganas, decidimos alargar la singladura hasta Cartagena, si los elementos no lo impiden. Eso supone una buena tirada de cerca de 300 millas en total y nos llevará al menos tres días y dos noches. Con ello, habremos recuperado el retraso.
Desde el principio el Mediterráneo nos prodiga con avistamientos: nuevamente un tiburón, esta vez de un tamaño más terciadito, una tortuga y muchos grupos de delfines. Aquí los delfines pasan un poco más de nosotros. Se ve que con tanto tráfico de barcos están un poco hasta el gorro. El trajín es espectacular, con un sinfín de barcos llamando a Tarifa Tráfico por radio dando nombre, origen, destino, número de tripulantes. El radar parece un puticlub con tanta lucecita.

Poco a poco nos alejamos del Estrecho. Las costas de África se van perdiendo a nuestra popa.

Día 3 de julio

La noche del 2 al 3 ha sido muy tranquila, sin una pizca de viento y con la mar como una balsa de aceite. La vigilancia de la derrota de otros barcos ha sido nuestra única ocupación. Sigue haciendo frío, pero ya no es tan intenso como en las costas de Portugal.
Amanece el día 3 tranquilo, sin viento, caluroso; tanto que paramos unos minutos y nos damos un bañito despreciando el recuerdo de los escualos, prueba del valor sin límites de la tripulación.

En la amura de babor se vislumbra la costa malagueña y, posteriormente, la granadina. Las nieves perpetuas de las cumbres de Sierra Nevada se ven claramente a lo lejos. En una navegación aburrida, sin ningún incidente, llegamos a doblar el cabo de Gata a última hora de la tarde. Arrumbamos al noreste a buscar Cartagena. Nuevamente la noche es tranquila, amenizada solo por los marinos desaprensivos, normalmente borrachos, que cantan por el canal de emergencias de la radio o se insultan entre sí (ya nos resulta habitual la polémica sobre la limpieza de los filipinos, la laboriosidad de los indonesios, la honradez de los chinos...). Esta noche, además, un guardacostas argelino se tira horas y horas llamando por radio a barcos que se acercan a su zona, con un sonsonete monótono que repite cada 30 segundos: insufrible, el infiel.

Día 4 de julio

Ya de mañana arribamos a Cartagena. ¡Vaya puertazo! Si ya lo decían los cartagineses: aquí hay posibilidades. Y en vez de hacer adosados iniciaron la actividad portuaria que todavía no se ha detenido. Aunque parece que poco le falta, porque el puerto interior, no el de Escombreras de fuera, que durará lo que dure el negocio, se ve muy alicaído. Hay dos marinas (¿por qué dos concesiones en un mismo puerto?) y ninguna está muy ocupada. No se debería permitir que un puerto de estas características languideciera como una virgen septuagenaria...
Paseamos, cenamos (el capi se ha marcado un detalle por lo de su cumple) y descansamos.

Día 5 de julio

Hoy se inicia la que será mi última etapa. Mi compañera de piso viene a recogerme a Denia, donde recalaremos. Hoy también es previsible una navegación tranquila y con el viento en contra, para variar. Es la única murga de este viaje: solo hemos conseguido navegar a vela pura en contadas ocasiones. También es lo que pasa cuando las fechas te aprietan: has de alcanzar un objetivo de velocidad para no eternizarte y eso implica poner motor cuando la velocidad a vela no te permitiría cumplir el objetivo. ¡Una putada, los dichosos objetivos!

Doblamos cabo de Palos a mediodía y conseguimos navegar a vela unas ¡dos horas!. Luego el viento vuelve a caer y tenemos que apoyarnos con el motor. Si hacemos buena media, recalaremos a primerita hora de la mañana en el Portixol o en la cala Sardinera, cerca de Xàbia, para darnos un bañito, que ya nos lo tenemos ganado.

Después a Denia. Y allí me bajo. Como a Fernando VII, le dejaré al capitán la faena hecha. A él le gusta pavonearse entrando a puerto al timón, el ademán serio y la mirada altiva. Con suerte y poco viento los pantalanes y fingers están relativamente a salvo, aunque es fácil que algún golpecito les dé. Tiene derecho: el barco es suyo.

El capitán y la Oficial de Intendencia y Mantenimiento, Gerardo y Susana, seguirán, tal vez pasando por Ibiza, esta singladura hasta llevar al Mangarrufa a Burriana, destino final. Han sido más de 900 millas navegadas juntos y en las que he disfrutado como un crío. Nos ha faltado viento favorable, eso sí, pero hemos tenido tantos buenos ratos, risas, cervecitas, conversaciones y buenas horas de navegación que nunca olvidaré este viaje. Me he bautizado en el Atlántico, he cruzado el Estrecho... ¡casi le hemos dado la vuelta a la península! ¿qué más puedo pedir?

Así, solo me queda agradeceros esta navegación, deciros que os quiero y ¡apuntarme para la próxima!

A partir de ahora, eso sí, el libro de bitácora que lo cumplimente el capitán, que el negro se ha cansado de los azotes.
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29 de junio de 2013

La Mar Océana


¡Coño con la Mar Océana!

No puede ser otra la expresión que viene al caso de mi primera experiencia real de navegar en el Atlántico. Porque una cosa es salir un día en una golondrina a dar una vueltecita o a avistar ballenas en Cape Cod -una turistada como tantas, pero gratificante- y otra, muy distinta, meterte en un velero de doce metros y tirar pa'dentro. Bueno, tampoco en que sea en plan capitán Acab, total es costear toda la costa atlántica para traer el velero desde Vigo hasta Valencia.

A lo que íbamos.

Día 23 de junio.

Con el barco cargado y pertrechado salimos de Bouza. La víspera habíamos intentado, infructuosamente, vaciar el tanque de aguas sucias del barco, que está atascado. La normativa actual española establece la obligatoriedad de llevar un tanque de aguas grises, norma que pretende que las caquitas de los cruceristas no enmierden puertos y calas. Una vez en alta mar, abres el grifo de fondo y vacías allí los desperdicios sin hacer daño a nadie (son residuos orgánicos). Buena intención. ¡Ojalá hubiesen hecho lo mismo nuestros próceres para preservar el litoral de la ambición de especuladores y concejales! Derivada de esta normativa aparece la necesidad de poder vaciar en puerto los dichos tanques de una forma controlada. Cualquiera vislumbrará las posibilidades que ofrece el asunto para otorgar canongías a los amiguetes. Lo cierto es que aquí los peninsulares somos muy nuestros y las maquinitas de succión se utilizan menos que los formularios de declaración de conflicto de intereses en el Congreso de los Diputados. Como siempre, la mierda la tiramos donde nos sale de los cojones ¿Pasa algo? Así que cuando uno intenta hacer las cosas bien, tropieza con un sinfín de obstáculos. Una tras otra, diferentes marinas nos fueron diciendo que, o no tenían máquina, o sí la tenían y no funcionaba. Total, para lo que la usa el personal. Finalmente, el Club de Yates de Bayona nos dijo que no solo tenían máquina, sino que además ¡funcionaba!  Total que el mismo día 23, como nos pilla de paso, allá que nos vamos a recalar en Bayona para soltar, con perdón, la mierda. Y la soltamos. Pero con tan mala fortuna que luego, para limpiar un poco el tanque lo llenamos de agua de mar para volver a aspirarlo, momento que ha decidido la maquinita como más oportuno para estropearse. Así que ahora navegamos con un tanque de aguas grises lleno de agua salada y sin poder utiliza ese retrete. Menos mal que el barco tiene otro, que si no, me veo con el tradicional balde atado a un cabo y cubo va, cubo viene.

Con todo este alboroto, son pasadas ya las doce del mediodía cuando nos hacemos de verdad a la mar. El pronóstico anunciaba vientos fuertes del norte. Y eso tenemos. Con vientos portantes y poca superficie de vela la navegación empieza rápida y relativamente cómoda, aunque un mar de fondo del noroeste con olas de 3 metros nos zarandea un poco. El barco se comporta con nobleza y nos permite hacer una media de más de siete nudos. Pensamos que, de seguir así, nos plantaremos en Cascáis en un santiamén. Pero la mar siempre se guarda una carta en la manga. La cosa va arreciando y acabamos con un ventarrón de fuerza 7. El parte dice que hay olas de 3,5-4,5 metros. Eso es lo que dice el parte. A mi me parecen paredones que nos alcanzan por popa, nos elevan, nos bajan como en una montaña rusa y luego nos sobrepasan. Los rociones empiezan a ser frecuentes y acabamos hasta las cejas de salitre. Y hace frío. Mucho frío. Nos tenemos que enfundar los trajes de agua hasta las orejas y abrigar con todo lo que llevamos. Pero también la mar te agradece los esfuerzos: a lo largo de la tarde los delfines nos visitan en tres ocasiones, jugando con nuestra proa y atravesando nuestra derrota.
El parte de las ocho (Portugal es como Canarias: una hora menos) anuncia que la cosa no va a mejor, ni mucho menos. Decidimos, después de haber navegado más de setenta millas, refugiarnos en Póvoa de Varzim a pasar la noche. Así que ponemos proa a este puerto de pescadores con una pequeña marina, donde llegamos a las diez de la noche. Y allí no está ni O Tato. Los de la marina pliegan a las 5 y se van. Ni contestan a la radio ni te dicen ni que sí ni que no. Pero como hay amarres libres a tutiplén, pues nos amarramos a uno y a correr. Dormimos tan ricamente. A la mañana siguiente les pareció de lo más normal. No nos piden ni los papeles y lo arreglamos con 15 euros, sin duda destinados a las copitas de Ribeira do Douro del maromo de la marina.

Días 24 y 25 de junio.

Con el mar mucho más calmo, aunque persiste un mar de fondo con una buena ola, nos hacemos a la mar después del desayuno. Un vientecillo que, claro, nos parece suave nos empuja durante todo el día. Si no fuera por el frío podríamos decir que la navegación es placentera. De nuevo los delfines nos visitan en cuatro o cinco ocasiones. Nunca había tenido tantos avistamientos en un solo día. Al caer la tarde el viento decide caer con ella y nos obliga a poner el motor. Navegamos así durante toda la noche, turnándonos en la vigilancia. Mientras desayunamos avistamos la silueta del cabo Da Roca, la puntita de la nariz de Portugal. Sin ninguna incidencia arribamos a Cascáis a primera hora de la tarde, con un calor sofocante. Aquí no hay quien se aclare con la temperatura. El día nos da para dormir una siesta y bajar a tierra, dar un paseo, cenar... bacallau, por supuesto.

Días 26 y 27 de junio.

Trámites de salida del puerto y a la mar. Nuestra idea es doblar San Vicente y adentrarnos hacia el estrecho. Si podemos, nuestro destino es Rota. El parte, en cambio, vaticina levantes muy fuertes en el Estrecho, lo que menos nos conviene. Ya veremos al doblar el cabo.
El día transcurre muy plácido. Solo falta un poco de viento que nos ayude, pero no quiere y navegamos apoyados en el motor prácticamente todo el día. Hoy no hemos avistado delfines pero sí ¡un tiburón! A escasos cuarenta metros del barco hemos visto la aleta de un pequeño tiburón surcar la superficie de un mar muy calmo. Por supuesto, hemos hecho las bromas de rigor sobre parar y echarnos un chapuzón.
Al caer la tarde, el radar nos ha marcado un eco a proa. Grande. Al poco, el día está brumoso, hemos avistado un carguero, un contenedor de los grandes. Estaba en nuestro rumbo, pero aparentemente no se movía. Nos hemos ido acercando y, sorprendentemente, estaba parado, al pairo. ¿Qué coño hace un carguero al pairo a veinte millas de la costa? Y justo en nuestro rumbo, con lo grande que es el océano. ¿Cuál es la probabilidad de que esto ocurra? El barco nos ha hecho señales y nos ha dado unos bocinazos de aviso. Lo más probable es que estuviera averiado, porque ninguna chimenea humeaba. No le hemos ofrecido remolque.

A las 05:13 am, hora de a bordo, con una mar en calma, hemos doblado San Vicente. La noche cerrada no me ha permitido ver nada. Una buena excusa para doblarlo en otra ocasión, si puede ser durante el día. Tras rebasar punta Sagres hemos puesto rumbo a Rota, en la bahía de Cádiz. La navegación es tranquila y nos permite desayunar y comer tranquilamente en la bañera. El poco viento nos obliga a apoyarnos de motor casi constantemente. A falta de unas 40 millas –unas siete u ocho horas a la velocidad que hacemos– el parte meteorológico nos amenaza con vientos duros de levante en el Estrecho. La prudencia nos aconseja buscar el refugio de la protección de la costa antes que pasar una noche de brega contra viento fuerte de proa, por lo que decidimos cambiar rumbo y refugiarnos en Mazagón, en la ría de Huelva. Arribamos, derrotados, a las dos de la mañana. Las últimas horas de navegación se nos hacen interminables. Es éste un fenómeno curioso. Teníamos previsto y hubiéramos navegado durante toda la noche para llegar de madrugada a Rota. Y no hubiéramos dicho nada. Pero el hecho de "retirarte", aunque sea a un refugio, hace que nos dejemos llevar. Te entran todos los cansancios del universo y cuando el refugio está a unas cuantas horas de navegación solo deseas acabar cuanto antes. Ni que decir tiene que entramos en coma profundo en cuanto el barco estuvo amarrado.
La marina de Mazagón es un ejemplo del funcionamiento general de este país, donde se mezcla el todo para el pueblo –menos la correspondiente comisión– sin considerar usos ni necesidades –sin el pueblo–; todo ello enmarcado en el sistema económico conocido como G3P: ganacias privadas, pérdidas públicas. Me explico. La marina es de titularidad pública, construida en los años de la mal llamada bonanza económica como tantas otras marinas de nuestro litoral. La evolución temporal de muchas de estas marinas, incluida la de Mazagón, ha evidenciado que el objetivo no era, precisamente, proporcionar un servicio público a la náutica de recreo. No. Porque en un litoral falto de puestos de amarre como el nuestro –eso dicen la mayoría de informes cuando nos comparan a los países de nuestro entorno– es incomprensible que la marina esté prácticamente vacía. Y conociendo como conocemos el percal, ¿no será que el negocio era otro?
Mezclemos con una miaja de imaginación unos cuantos ingredientes habituales y conjuguemos el verbo más político de nuestro amado país: yo tengo unos terrenitos, tú estás en el poder, él me otorga la concesión después de algunas recalificaciones, nosotros hacemos una sociedad, vosotros nos dais montones de créditos y subvenciones que podemos gastar en lo que nos venga y, como siempre, ellos pagan el pato. Al final la marina, cuyo proyecto de viabilidad me gustaría leer, sale carísima de construir y más cara todavía de mantener. O el sitio no está bien elegido, o está hecha con el culo, o los precios no son competitivos o vete tú a saber qué pero lo cierto es que los barcos no vienen a amarrar. Pero a los de siempre esto poco les importa. Porque el negocio no era explotar la marina (si son rentables en otros sitios no tienen por qué no serlo aquí); el negocio ya está hecho, era el turbio manejo de recalificaciones, subvenciones, créditos y comisiones. Y nosotros, como siempre, pagando el IRPF.
Vienen las vacas flacas y la marina empieza a notar el descalabro del desuso, el abandono, la falta de mantenimiento. Eso sí, te soplan 50 euracos de vellón por pasar una noche... Para pasarlos por la quilla uno a uno. O en parejas, que son muchos.

Día 28 de junio
Aunque el pronóstico sigue siendo malo –de hecho es cada vez peor– decidimos acercarnos más hacia el Estrecho y cumplir el plan previsto, que era llegar hoy a Rota. Pensamos que al abrigo de la costa el levante no será tan incómodo. Y eso hubiera estado bien... Si hubiera hecho levante. El día ha amanecido con un viento del sur que ha ido progresivamente en aumento hasta fuerza 6, levantando una mar de ola corta (ya estamos cerca del Mediterráneo) incomodísima, por la proa, que nos ha hecho ganar a pulso las escasas cuarenta millas: rociones, pantocazos y mucho movimiento tipo batidora. Bien entrada la tarde, y ya con un ventarrón, hemos llegado a Rota.
El amarre ha sido complicado por el viento y, una vez más, ha dado para demostrar la solidaridad en los pantalanes. Basta que la gente vea que la maniobra es complicada y que tal vez necesites ayuda para que se multiplique el número de manos amigas. Siempre hay alguien que baja de su barco, deja lo que estaba haciendo y viene a echar una mano. ¡Hasta abuelitos artrósicos ingleses o alemanes! Y, acabada la maniobra, el personal te da conversación sobre la misma, el estado de la mar, tu destino...
Y aquí estamos, empantanados en Rota. La previsión de un fuerte temporal –el puerto de Tarifa se cerró al tráfico ayer– nos mantendrá aquí al menos hasta el lunes 1 de julio. Bueeeeeno... eso también es parte de esta historia: holgazaneo, finos, pescaíto...
Hasta que amaine.

27 de mayo de 2013

A golpe de vate: VELAS


VELAS
Los días del futuro están ante nosotros
como una fila de velitas encendidas−
doradas velas, cándidas, vivaces.

Los días del pasado a nuestra espalda,
en triste línea de velas apagadas;
las más cercanas todavía humean,
velas vencidas, frías, derretidas.

No quiero contemplarlas: su forma me entristece,
y me entristece recordar su luz primera.
Miro mis velas alumbradas ante mí.

No quiero dar la vuelta, por no ver, temblando,
qué rápido la línea oscura va creciendo,
qué rápido las velas apagadas proliferan.

C.P. Cavafis. Poesía completa. Visor Libros, Madrid, 2003
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21 de marzo de 2013

¡Ai, quin embolic!


Que paren, que me bajo.

La espiral que nos arrolla gira y gira cada vez más rápido y el radio de giro es cada vez menor. Ya no se si las náuseas son por el vértigo o por el asco.

Más del 80% de los maestros son incapaces de aprobar un examen sobre los conocimientos mínimos que exigirán a sus alumnos. Arduos problemas del tipo cuántos centímetros cuadrados tiene un metro cuadrado o cuánto mide la circunferencia si el radio mide un metro. Mientras, el gobierno anda ocupado en retirar inversiones en la enseñanza pública para reconvertirlas en subvenciones a la enseñanza concertada con colegios religiosos. Y los maestros salen con que los conocimientos no son lo importante, sino los métodos de pedagogía. Igualito que cuando vas a comer: lo sustancial no es la comida, sino cómo te la llevas a la boca. Hasta ahí han llegado los vendedores de humo.

Bárcenas reconoce ante el juez que tiene una "pequeña" fortuna, de unos 38 millones, que acumuló lícitamente explotando sus habilidades, además de otros negocios poco lucrativos, de chapero de cine de barrio. Mientras, se ensaya la escenificación de un juicio nulo, con dos jueces peleando por un caso que no conviene a nadie próximo a los poderes del estado, legislativo, ejecutivo o judicial. Ya veréis como al final se conculcan sus más elementales derechos y aquí no pasa ná.

Urdangarín, Blasco, Oriol Pujol... Todos trincan y nadie dimite, nadie pisa la trena y, mucho menos, devuelve la pela. Mientras, Corina, ya bautizada como "la amiga del Rey" (y todos sabemos lo que son las amigas y las amiguitas) desayuna sin rubor con ministros y directores generales, que lo niegan todo, y veladamente amenaza con sabrosas revelaciones. Aunque a mi, como a muchos, un borbón en bolas no me pone nada.

En Chipre montan un corralito: los chipriotas acabarán pagando con sus ahorros, sí o sí, los desmanes de la banca local, que son las bancas de siempre pero instaladas en la isla. Mientras, nuestros ministros dicen que eso aquí no pasará; pero estudian un nuevo impuesto sobre los depósitos bancarios que acabaremos pagando los de siempre. Fomentando el ahorro ¿verdad Montoro?: trincar por lo supuestamente legal lo que no nos trincan con los sobres.

¿Fuera? Pues igual. Hollande se desinfla y empieza a preocuparse por temas realmente trascendentes: sospecha que la Bruni le llama pingüino en una canción de su último disco. Y eso está muy feo. Mientras, Cameron no sabe donde mirar y se arma un lío con las proporciones de bienestar, ahorro e impuestos que debe tener su estado ideal. Pero sigue dando por saco con la sterling pound y con los bussiness de su city.

Obama se va a Israel a darse un pico con Netanyahu. Que si cuánto te quiero que si qué buenos amigos somos. Que soy negro pero no tonto y hay que ver lo malos que son los moros. Mientras, los del turbante tiran dos pepinos del ocho que, por supuesto, no le dan. Pero justifican su uso para retroalimentar la violencia.

Paco Palito, pontífice del pueblo, resulta que se olvidó de denunciar que los milicos habían trincado a un colega y le estaban dando picana. ¡Uy, se me pasó!, ha comentado. Mientras, se ajusta el solideo.

Y encima, Chávez se les ha pasado en la nevera y no lo han podido embalsamar. ¡Qué fastidio!

Eso sí, la Merkel nos observa con ojillos cada vez más lujuriosos. Y la lujuria en un político, si excluimos a Berlusconi que es más literal, no augura nada bueno para los gobernados. Bueno, cierto es que en los dos casos puedes darte por jodido.

¡Ai, quin embolic! Esto es un culebrón más largo que la pilila de Maciste, el coloso.

Lo dicho: que paren, que me bajo.
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10 de marzo de 2013

Chávez o muerte

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Otro que ya está entre cuatro velas. Si es que ya lo decía aquel: ¡tanto lío para acabar muriéndose!
 Fue Comandante-Presidente de la República Bolivariana de Venezuela, dos apelativos que inventó él  porque había que reinventarse para mantenerse arriba. Curioso y atípico trayecto el de este mozo: los dictadores suelen tomar por la fuerza lo que se les escapa por las urnas. Pues el amigo, no. Tomó por las urnas un poder que le resultó esquivo con la escopeta.
Populista de calle y camino (a diferencia de los populistas de salón) y sobre todo populista de televisión. Podría ser perfectamente Comandante Presidente de nuestro gobierno de los Teleñecos. Se agarró a la cámara y al micro y fue cerrando cámaras y micros en las que no salía favorecido, que eran unas cuantas. Mensajes directos, sencillos, bolivarianos y, sobre todo, cubanos: Patria o muerte, Revolución o muerte, Educación o muerte. Cuando llegaron a la Salud, pararon, que era muy obvio. Y como buen populista, señaló un enemigo exterior culpable de todos los males del mundo mundial: Satán, que así llamaba al Presidente de los USA.
Desmanteló la aristocracia venezolana y provocó la estampida de quienes se habían enriquecido. Esperanzó a los descamisados y les hizo pensar que no sólo saldrían de pobres, sino que ocuparían el espacio que dejaron los que huyeron. Nacionalizó la fuente negra de su riqueza y jugó a patria petrolera. Cada vez más crecido en su papel –y en eso las urnas le ayudaron- acabó siendo una caricatura de sí mismo. Al final, el lema se redujo a “Chávez o muerte” mientras  Venezuela seguía siendo, como siempre, un país pobre con mucha riqueza, o un país rico con muchos pobres, que viene a ser lo mismo.
Y es lo malo que tienen estas cosas, que ahora va y casca y el lema se queda en “Muerte o Muerte”. Y a ver qué hacemos.
Como Maduro maduro no está, pues han decidido crear un padrecito de la patria que los observe y dirija y, sobre todo, mantenga viva la ilusión de continuidad desde un mausoleo: lo van a embalsamar. A mí me ha venido enseguida a la memoria Vladimir Illich Ulianov, a quien todos llamaban Lenin. Tantos años y tantas colas y ahora nadie quiere saber nada de la momia, porque ya les va molestando.
¡Ah, se me olvidaba! Si quieren que les salga chulo el ninot, que llamen al esteticista de Berlusconi.
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7 de marzo de 2013

¡Teleñecos al poder!



¡Toma ya, los italianos! Con la que está cayendo ahí fuera –y aquí dentro- y favorecen en las urnas, nada más y nada menos, a Beppe Grillo y a Berlusconi, again. Beppe Grillo –personaje más conocido por estos lares como Pepito Grillo, el de Pinocho- es un gracioso sin gracia, devenido a político populista. Berlusconi es… Berlusconi, pa que nos vamos a engañar.

Deberíamos tomar ejemplo. Propongo una dimisión inmediata del gobierno –a ver si cuela-, la disolución de las Cortes y de todos los ayuntamientos y, por qué no, la abdicación de SM. También podrían disolverse todos los partidos políticos registrados. Para lo que van a servir. Un gasto menos.

A continuación, se convocan nuevas elecciones con la propuesta de bipartidismo o tripartidismo institucionalizado. El PP será sustituido por el PyP (Pantoja y Pachuli), de corte trincón achorizado por la derecha. El PSOE, por el PDLPDLT (Partido de los Payasos de la Tele). El problema es que de estos ya hay muchos jugando a pies quietos, por lo que rápidamente debería ser remozado internamente para la constitución del PDLNPDLT (Partido de los Nuevos Payasos de la Tele): Jorge Javier, Jordi, Belén, Terelu y María Rosa recogerían sus flamantes actas de diputados. Y a un Matamoros lo pondrían de Ministro de Inmigración. Para dar sensación de firmeza.

Estas son, sin duda, las dos mejores opciones, que cubrirían la mayor parte del espectro electoral. Si se quiere dejar hueco para un ala intelectual y razonada, con fuerte contenido ideológico –siempre hay minorías intelectualoides- se puede promover una escisión del PDLNPDLT, el PDLTÑ: Partido de los Teleñecos. Epi, Blas, la rana Gustavo… Y de Ministro de Trabajo, el monstruo de las galletas.

Mucho mejor nos iría. Sin duda.
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28 de febrero de 2013

Aunque el Papa es infalible con la boca...

¡Vaya la que ha liado! Después de tanto rollo, ¡hala, ahí os quedáis, que si os he visto no me acuerdo! El amigo Benedicto Equisuvepalito, Benito, se da el piro. Y, claro, se va a liar parda.

Vamos a los hechos: casca el polaco después de arrastrar sus miserias y sus higadillos por medio mundo (para mi que tanto beso al suelo no era higiénico ni saludable). La fumata blanca –cosa, dicen, del Espíritu Santo–, apunta al Benito, al que deciden llamar Benedicto Equisuvepalito, que tiene más glam.

Y nada más llegar ¡zaca! si el polaco había dicho que bueno, que lo del purgatorio no estaba claro y que, en el mismo plan, lo del infierno era una cosa como literaria, pues no, Equisuvepalito deja la infalibilidad del Papa a la altura de la Cospedal hablando de Bárcenas y con la propia infalibilidad recién estrenada –atributo al parecer también conferido por el palomo– restablece el orden infernal y el purgatorio. A los del limbo, eso sí, los deja tranquilos. Para lo que se enteran...


No satisfecho, se lanza a profundidades teológicas insondables para nosotros, pobres pecadores, y publica algunos resultados de sus investigaciones: en el portal de Belén, de buey y mula nada de nada. Nasti de plasti. Y la estrella, una supernova. ¡Cágate, tú! El resto de figuras, sub judice. Parece ser que las fuertes presiones del catalanismo más acervado, amenazando con un cisma irrevocable y la creación de la Iglesia Catalana de la Butifarra, con el venerado Yoda-Pujol como cabeza visible (puestos a poner yayos gagá al frente, a los catalanes no nos gana nadie, dicen que comentó Mas), como decía, solo esas presiones han impedido que al caganer, símbolo donde los haya de la identidad nacional, lo hayan mandado a cagar, con perdón, con la mula, el buey y el canonge de la Seu.


Y mientras tanto, con el Santo Padre absorto en tan trascendentes cavilaciones, la casa por barrer. Como ha resumido un cardenal, todo púrpura él: "Esto es un merder contra el sexto y el séptimo". No se refería al general Custer, precisamente. Para los que no están puestos en las tablas de la ley: que a sus eminencias se les va la mano. Hacia las piruletas de los querubines o hacía el cajón de la pasta. Que se han tomado muy en serio lo de dejad que los niños se acerquen a mi. Que puestos a repartir entre el César y el jefe, pues que se lo quedan ellos y todos tan contentos. Y, claro, el Equisuvepalito de eso no sabía nada. Porque él llegó al cargo sin conocer de intrigas, de escándalos, de la banca vaticana, de niños pasados por la piedra... Se acaba de desayunar, pobrecico mío, con lo mayor que está. Y se pira. Pero aprisa, coño, que parece que le hayan puesto la mirra en el ojete.

El problema más gordo que se les viene encima es el de la  infalibilidad, pienso yo. Por eso nunca les ha venido bien lo de la dimisión, la jubilación o el retiro de quien ocupa la cátedra de Pedro (no sé a qué me suena, lo de la cátedra). Porque si, después de convencer al personal de que los Papas son infalibles con la  boca, ya viene mal que un Papa nuevo desdiga a Papas anteriores pero muertos, imagina tú la imagen que dan desmintiendo al abuelete retirado en Castelgandolfo. Y que, por ejemplo, el abuelete se encabrone: "Pero ¿que ha fumado el mierda ese que habéis elegido? ¡No se entera! ¡Ni buey, ni mula! ¡Y el caganer era de Lorca! ¡Que estudie, coño, que estudie!" 


Para eso tienen al Espíritu Santo. En el palomo está el truco. En el  palomo y en la silla. Me explico. Los Equisuvepalitos son infalibles porque les inspira el palomo. Pero solo cuando hablan ex catedraes decir, desde la silla. Si te bajas de la silla ya puedes decir chorradas y no cuentan como encíclicas. Así que quien controla la silla y al palomo lo tiene chupao.


Y en eso están. Cuando la fumata sea blanca es que alguien ha  pillao la silla y tiene al palomo cogido por las pelotas. Luego ya viene lo del Camarlengo, el habemus papam y lo del urbi et orbePero esa historia ya nos la conocemos todos. Es la de siempre.


Per omnia secula seculorum.


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