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21 de marzo de 2020

Mala gente


Como en botica, ha de haber de todo. Hay personajes buenos y malos, serios y bufos, listos y lerdos. Y mucho grado intermedio, claro. Sobre todo, mucho grado intermedio. La vida está hecha de grises, no de blancos y de negros. Pero hay un dibujo negro inconfundible: la mala gente. La hay por doquier pero no tan frecuente como pensamos. Mala gente, mala gente, no hay tanta. Como tampoco hay tantos mirlos blancos.

Lo que tienen las crisis es que sacan a relucir lo que hay dentro de muchos. Rascan la cáscara, quitan la piel de cordero y es entonces cuando nos da la impresión, así, de repente, de estar rodeados de malos malísimos.

Estos días hemos asistido al descascaramiento de tres de mis personajes favoritos. Son tres ejemplos fáciles porque la cáscara era liviana. Ya apuntaban maneras y, en mayor o menor grado, los teníamos fichados. Os voy a dar unas pistas: el primero gasta más en laca que la Thatcher y alardea de su ignorancia sin recato; el segundo, como el primo lo ha dejado sin laca, se peina metiendo los dedos en el enchufe y lo que quiere es salirse como sea; el tercero, mucho más de andar por casa aunque él se crea lo contrario, es capaz de echarle la culpa al estado cuando en su tierra sale nublado un festivo. ¿A que los habéis pillado?

Efectivamente, el primero es el inefable pato Donald. Ya llegó como llegó, ya dijo lo que dijo, demostrando que lo único que hace bien es el payaso. Todo lo que no sea montar un espectáculo, si es posible un esperpento, no le interesa. Populismo en estado puro. Como decía el Washington Post, con el coronavirus se ha demostrado que el muchacho es incapaz de lidiar con una crisis que no haya generado él mismo. Montó lo de la frontera con Méjico y, valla va valla viene, ha logrado darse publicidad. Montó el pollo con los chinos y, arancel va arancel viene, cameló al personal con su America fisrt. Se le viene encima la peste de 2020 y empieza a decir majaderías, a insultar y a asegurar que en los USA no va a pasar nada. Pero siempre llevando el show a su provecho. Es año electoral y tiene que sacar rédito. Los infectados, los muertos, los parados, los desahuciados se la sudan si no es para darle otros 4 años de vaquero jefe. Dios nos coja confesados. La catastrófica gestión inicial le llevó a tener que ocultar los datos reales de su país. Y eso define a la mala gente: el provecho personal está por encima del bien y del mal, sobre todo del mal. Da igual que la mierda le llegue al respetable por las orejas si ellos sacan beneficio. Mala gente.

Mi amigo Boris es otro que tal. Este también llegó como llegó y dijo lo que dijo. Alexander Boris de Pfeffel Johnson, clara extracción popular, tenía un plato de sapos confitados para merendar: lidiar con los efectos económicos del Brexit. Después de haber intentado convencer a los súbditos de su majestad que salir de la UE iba a ser la leche, un camino de vino y rosas en el que resurgiría el Imperio, le sale un nublado por el horizonte con forma de corona (toma ya, alegoría). Pero como nada puede empañar el resurgir imperial, la gloria eterna del Reino Unido, sale y dice, textualmente, que lo único que tienen que hacer los británicos es lavarse las manos mientras cantan el Happy birthday. Así, como suena. Es evidente que esperaba que la crisis sanitaria se pudiera contener en las islas y no le convenía en absoluto un palo económico más. No le convenía a él. Al pueblo británico que le vayan dando, siempre y cuando sigan cantando el God save the Queen. Con marcialidad y la vista puesta en el horizonte, porque sois grandes como el Imperio. Pues eso. Mala gente.

Dejo para el final a ese ínclito estadista, prócer inconmensurable, títere del león de Waterloo, paladín de la cuatribarrada. Este no llegó como llegó: a este lo pusieron. Dijo lo que dijo y no se ha callado desde entonces. Ya empezó con lo del confinamiento exclusivo para ellos. Lo dicho, frontera aunque sea para esto. En el colmo de la deslealtad, de la utilización partidista de la desgracia, del torticerismo político, se despatarra en la BBC diciendo que el estado no le pone los medios para proteger a “su gente”. Se le echan encima y entonces, como si no hubiera roto un palito, dice que es que le han traducido mal. Pues yo te he oído en inglés, piltrafilla, victimista de mierda. Y no le parten la boca porque somos demócratas y respetamos el derecho de opinión. Pero se lo ha ganado a pulso. Lo dicho: mala gente.

Ah, y otro día hablaremos del Zar de todas la Rusias, que también.

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14 de julio de 2011

Cuaderno de bitácora (5). ¡Somos de PM!

Contemplando estos días la puesta del sol he pensado
¡Tanta mierda con el levante, el levante! ¡Si es todo lo contrario! ¡Somos el poniente del Mediterráneo!
Y esa maquinita política que todos llevamos dentro se ha puesto rápidamente a cavilar. Es sabido que todo varón español sería capaz de desempeñar con soltura cualquiera de los siguientes cargos: presidente del gobierno, ministro de trabajo o economía y seleccionador nacional de fútbol. Tal es nuestra capacidad. Y de ahí la fama que nos precede. Bueno, pues eso, que me he puesto a barruntar y la conclusión no puede ser otra:
Que les den morcilla a los països catalans, al país valencià, a lo regne y a la comunitat. Incluso a la unión europea si hace falta. ¡Somos del poniente mediterráneo!
Por ello, desde aquí y desde ahora declaro mi intención de luchar por los ideales de esta patria histórica (que se atreva alguien a decir que el Mediterráneo no tiene historia). Reclamaremos autonomía, autogobierno, independencia, ¡lo que haga falta! Y algún carguito que luego nos deje una paguita. ¡Faltaría más!
A partir de ahora podremos andar orgullosos, con la frente bien alta y la mirada aguerrida, gritando a quien quiera oirnos:
¡Somos de PM!

Esto es lo que tiene la ociosidad, la desinhibición y, sobre todo, este maldito norte que no me deja salir de puerto.

29 de junio de 2011

Crónica parlamentaria

La maza golpeó dos veces la tablilla de madera. La sesión había comenzado. Los representantes del pueblo ocuparon sus escaños entre un sordo rumor de pasos sobre la moqueta. El Presidente tomó la palabra:

─Hoy, señorías, es una gran jornada para Pascualerría. El camino ha sido largo y espinoso, lleno de zancadillas, de abusos y de opresiones –-su mirada sobrevoló con suficiencia los bancos de su izquierda, donde se agrupaba la exigua oposición.

─Pero, al fin, el pueblo ha hablado y, con su voto, ha refrendado la voluntad de soberanía tanto tiempo ansiada y defendida con sangre por los luchadores de la libertad. En el camino han quedado muchos camaradas que el pueblo de Pascualerría honrará como héroes de su historia. La democracia, las urnas, legitiman nuestra política y nuestros anhelos, la denodada acción de todos estos años.

Su semblante, hasta ahora sereno, victorioso, se ensombreció con un rictus casi doloroso. Su mirada se posó, dura y fría, sobre los tres diputados de la coalición nacionalista conservadora acusada de pactista por los ahora vencedores.

─Aún quedan algunos escollos, algunas pequeñas piedras en el camino. Todavía hay recalcitrantes dinosaurios incapaces de acatar la voluntad del pueblo poniéndonos palos en las ruedas ─durante una dramática pausa su acerada mirada recorrió el hemiciclo─. Como todas sus señorías saben de sobra, la postura egoísta de un partido que se hace llamar nacionalista ha impedido que nuestra coalición, Dildo, clara vencedora de los comicios, haya podido constituir una Mesa del Parlamento estable, obligando a la inclusión de uno de sus miembros como vicepresidente segundo. Con un solo representante menos este chantaje habría sido imposible y Dildo hubiera podido impulsar políticas largoplacistas, estables, en una cómoda mayoría.

Una prolongada pausa hizo que las posaderas inquietas de más de un representante se reacomodaran en las poltronas.

─Pero estos canallas… ─un rumor recorrió los escaños y el Secretario General del Partido de la Nube hizo ademán de alzarse pero una mano amiga en su hombro y el sentido común le hicieron detenerse─. Sí, canallas, porque ese es el nombre que merecen… desconocen nuestra verdadera fuerza, basada en la certidumbre de nuestras convicciones… Y ahora, sí, ahora, por fin, basada también en el respaldo popular y democrático. Ese respaldo que legitima nuestra política y nuestras acciones. Pasadas, presentes y futuras…

Tras detener unos breves segundos el discurso el Presidente, con inusitada lentitud, sacó de su chaqueta un revólver y, ceremoniosamente, le descerrajó un tiro en la nuca al vicepresidente segundo, colocado a su derecha y en un plano ligeramente inferior. Dos ujieres, probablemente advertidos con anterioridad, se apresuraron a recoger al agonizante vicepresidente casi al mismo tiempo que un ¡ohhh! contenido recorría la sala. Otro ujier espolvoreó serrín sobre la mesa y el suelo bajo el escaño del vicepresidente y, con la misma celeridad, una matrona con bata azul pasó una escoba y zanjó la cuestión. En menos de 30 segundos todo había sido recogido, incluido el cadáver.

El Presidente, sin inmutarse, con la misma mirada gélida, sin un solo pestañeo, recorrió uno a uno todos los escaños adivinando las medias sonrisas en unos, la palidez crispada en otros. Exhaló aire una vez, golpeó con el mazo y espetó:

─Convoco a la Asamblea de Representantes a una segunda votación para determinar la composición de la Mesa del Parlamento, de la que derivarán los poderes de la próxima legislatura. Tiene la palabra el portavoz del grupo mayoritario, la coalición Dildo.

Amortiguado por los cortinajes y los paneles de madera de las paredes se escuchó el aullido de la muchedumbre reunida en la plaza exterior del parlamento, donde el acto podía ser seguido en directo mediante un sistema de megafonía.

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