.
10.07.11
Estoy fondeado en la bahía de Sant Antoni de Portmany, en Ibiza. Un sitio poco recomendable, pero seguro. Después de la travesía en solitario prefería Port des Torrent, fondeadero más tranquilo y uno de mis favoritos cuando llegas a Ibiza. Pero entraba un poco de mar del NE y lo hacía incómodo, así que he preferido entrar en San Antonio y descansar. La puesta de sol, como siempre, me ha dejado encandilado. Y justo cuando mejor estaba, solo en la bañera y a punto de comenzar la cena, un canalla se ha puesto a vociferar, bien surtido de decibelios, canciones para guiris. He mirado raudo a mi alrededor con cara de pocos amigos, pensando que sería algún barco vecino (una motora, porque eso solo pasa en las motoras) a quien poder reconvenir. Pero no. Debía ser en un hotel o en el paseo. He mentado a los antepasados del interfecto remontándome hasta Atapuerca. ¡Qué cabrón! ¡No se ha dejado una! El sombrero, la española cuando besa, y viva españa, la leche. Se ha atrevido con el All my loving en versión lolailo. Muy eficiente el julai: se ha cargado Beatles y rumba de una tacada, sin pestañear. Ahí ya no he podido más. O me colgaba de la driza de la mayor o contratacaba. Me ha costado decidirme. Al final he empezado con Proud Mary de Credence. Volumen a tope. Luego, ya más sereno, he pensado que la ocasión merecía algo más sutil. He bajado un poco el volumen y he seguido con You're looking at me y It's wonderful, cantadas por Diana Krall. Me he reconciliado con la vida. Luego ya era todo de otra manera. La noche, el agua, la luna. Hasta he reescuchado algunas de Bob Dylan (por cierto, como si no pasara el tiempo). De vez en cuando me retiraba los auriculares para comprobar el ruido ambiente, porque (¿no lo había dicho?) los he escuchado con los auriculares. Por no molestar. No como el grandísimo hijo de puta ese del paseo.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario