Está cayendo la de dios. Una buena tormenta con lluvia abundante nos lleva, un día más, a quedarnos en puerto. De cualquier manera un día gris, plomizo, con el aire limpio se agradece cuando se intercala entre días calurosos.
Aprovechamos para hacer la compra y después, bajo el toldo, Haendel, un libro y recado de escribir (ahora sustituido por los aparatejos). Cervecita, comida, siesta, reparaciones (siempre hay algo roto) y paseíto. ¡Un penar!
Como decía aquel: para vivir así, mejor sería no morirse nunca.
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