14 de julio de 2011

Cuaderno de bitácora (4). Monos antropomorfos (o no)

Se llama monos antropomorfos a los que no tienen rabo. Pues hoy he visto media docena de monos no antropomorfos sentados en una terraza de verano.
Pero vayamos al principio. Hoy he tenido que ir a San Antonio de Portmany a recoger a mi santa. Las últimas veces que he estado por allí he tenido la prudencia de no tocar tierra pasadas las doce del mediodía. Por si acaso. Y aún así me pillaron el otro día con lo del sombrero, ay mi sombrero. Pues bien, hoy he tenido que venir por la tarde. Al ir hacia la estación marítima desde la de autobuses no he tenido más remedio que pasar por ese continuum de terrazas donde, desde las once de la mañana hasta pasada la medianoche, se sirven paellas con guisantes, pimientos, tomate y un sinfín de ingredientes exóticos fruto de la imaginación de los cocineros del guirismo (corriente gastronómica que simplemente deconstruye -o sea, derribos- platos tradicionales). A lo que iba. Sentados a una mesa había media docena de especímenes simiescos de la subespecie patibularia. Llamaba la atención la sustitución del pelo corporal por una gran variedad de tatuajes de los más diversos temas y colores. Artimañas de la naturaleza para que el macho llame la atención de la hembra, he pensado. También es de reseñar que a las cinco de la tarde ya estaban más cocidos que el engrudo de arroz y marisco que engullían. En una mesa próxima estaban las hembras. No se si de la misma especie o no; ni a unos ni a otras parecía importarles. Estaban a lo que estaban. La variedad sí la tengo clara. Todos era de los catalogados como SSM. Súbditos de su majestad, claro. Abundan mucho en este hábitat.
Por lo que tengo leído, estos ejemplares nos visitan estacionalmente con una doble finalidad, a saber: a) lograr lo más rápidamente posible un elevadísimo nivel de alcoholemia que, de ser posible, se mantenga estable durante toda la estancia y b) mover el rabo el mayor número de veces posible. Por ello no hace falta una desmesurada pasión naturalista para deducir que eran monos no antropomorfos.
No deja de ser un alivio saber que a la atención y bienestar de estas subespecies estamos dedicando los esfuerzos, los desvelos, las inversiones de lo que parece configurarse como la única industria nacional. ¡Olé!
Claro, luego resulta que soy un gruñón, que siempre estoy despotricando... Pero !si es que me lo ponen a huevos!
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