12 de diciembre de 2011

¡Ya parió la burra!

Uno imaginaba rechonchos carrillos rebosantes de chocolate. Puro, con leche, blanco. Bombones Godiva en abundancia. Vino blanco y champagne francés. Y cerveza. Sobre todo, mucha cerveza. Uno imaginaba enfebrecidas multitudes en la Grand Place entonando himnos patrióticos y, en francés y flamenco, al unísono, gritando: “¡Ya tenemos gobierno! ¡Por fin, ya tenemos gobierno!"

Pues de eso nada, monada. Al día siguiente pasó lo mismo que había pasado los quinientos cuarenta y un días previos: nada. Nasti de plasti. Y pongo la cifra en letra para que se calibre bien su dimensión: quinientos cuarenta y uno.

Durante ese tiempo, el reino de Bélgica ha permanecido sin gobierno. Y uno vuelve a imaginar: paralización de los servicios públicos, bancarrota del estado, basura comiéndonos las orejas, actos de vandalismo, rapiña y desórdenes por doquier…

Pues ná de ná. Bien es cierto que estaba el rey. El rey de los belgas, digo. Su majestad Nosequién, descendiente de aquel Leopoldo tan recordado en África. Pues, hombre, sí: estar, estaba. Pero como si no. Que allí pinta como el de aquí, aunque sin yernos hurtangarines ni froilanes de todolosantos.

Durante quinientos cuarenta y un días el país ha seguido funcionando. Bregando contra la crisis con resultados, por cierto, más alentadores que por estos pagos. Con flamencos y valones a la greña como siempre, pero la pela es la pela, la economía, la economía y dejémonos de tonterías que esto hay que tirarlo p’alante. Y sin gobierno. Ni presidente, ni ministros, ni perrito que les ladre. Para las tonterías que se oyen en los consejos de los viernes, mejor que nos los ahorramos.

El desacuerdo entre la clase política sobre quién y cómo debe gobernar el país no ha impedido que éste no se detenga y que todo siga funcionando. Todo, menos el gobierno.

Como dice una muy buena amiga, todo esto da mucho que pensar. ¡Y nada bueno!
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22 de noviembre de 2011

Me hubiera gustado escribirlo a mí.

Me hubiera gustado escribirlo a mí. Pero lo escribió Concha Caballero en El País. Mi hija, que "está en Berlín" colgó el enlace en su facebook. No lo escribí yo; pero estaría dispuesto a firmarlo.

No se van en trenes con maletas de cartón pero llevan sus bienes más preciados: un portátil, un móvil de última generación regalado por un familiar o conseguido a base de una lucha de puntos sin cuartel. Suelen tomar un vuelo de bajo coste, cazado pacientemente en las redes de Internet. Se van a hacer un máster, o han logrado una mal llamada beca Erasmus que costará a la familia la mitad de sus ahorros. Otras veces van a hacer de au-pair, de auxiliar de conversación, o a cualquier trabajo temporal. La familia va a despedirlos a la puerta de embarque y mientras se alejan disimularán unos su pena y otros su incipiente desamparo. "Es por poco tiempo -se dicen-. Dominarán el idioma, conocerán mundo... Regresarán en pocos meses".
Hasta hace poco era un privilegio de los nuevos tiempos que les permitía gozar de una libertad sin límites, de un mundo sin fronteras, de una capacidad casi infinita de aprendizaje... Hasta que llegó la crisis y la maleta pareció distinta, la espera en la fila de embarque más embarazosa, la despedida más triste y el fantasma de la ausencia definitiva más cercano.
No. No llevan maletas de cartón, ni hay aglomeraciones en el andén de la despedida. No se marchan en grupo, sino uno a uno. Aparentemente nada les obliga. Ha sido una cadena invisible de acontecimientos. Estuvieron allí hace unos años, o tienen una amiga que les ha informado de que puede encontrar algún trabajo con facilidad. No pagarán mucho, eso es seguro, pero podrán ganarse la vida con cierta facilidad... A fin de cuentas aquí no hay nada.
Y se marchan poco a poco, sin alboroto alguno. Un goteo incesante de savia nueva que sale sin ruido de nuestro país, desmintiendo la vieja quimera de que la historia es un caudal continuo de mejoras.
No hay estadísticas oficiales sobre ellos. Nadie sabe cuántos son ni adonde se dirigen. No se agrupan bajo el nombre oficial de emigrantes. Son, más bien, una microhistoria que se cuenta entre amigos y familiares. "Mi hija está en Berlín", "se ha marchado a Montpellier", "se fue a Dubai" son frases que escuchamos sin reparar en el significado exacto que comportan. Escapan a las estadísticas de la emigración porque suelen tener un nivel alto de estudios y no se corresponden con el perfil típico de lo que pensamos que es un emigrante. Quizá en las cuentas oficiales figuren como residentes en el extranjero, pero deberían aparecer como nuevos exiliados producto de la ceguera de nuestro país.
En los tiempos de crisis que detallan cada euro gastado nadie computa los centenares de miles de euros empleados en su formación y regalados a empresarios de más allá de nuestras fronteras con una torpeza sin límites, con una ignorancia sin parangón. Menos aún se cuantifican el esfuerzo de sus familias, las ilusiones perdidas y sus sueños rotos en mil pedazos.
No llevan maletas de cartón, pero componen un nuevo éxodo que azota especialmente a Andalucía, que dispersa a nuestros jóvenes por toda Europa y gran parte del mundo, que nos priva de su saber, de su aportación y de su compañía. Pero, aparentemente nadie se escandaliza por esta fuga de cerebros, lenta pero inexorable, que nos privará de muchos de nuestros mejores talentos. Nadie protesta por esta nueva oleada de exiliados que son una acusación silenciosa del fracaso y de engaño. Se van en silencio por el túnel de embarque en el que les alcanzará la melancolía por la pérdida temprana de su tierra.
No son, como dicen, una generación perdida para ellos mismos. No son los socorridos ni-nis que sirven para culpar a la juventud de su falta de empleo. Son una generación perdida para nuestro país y para nuestro futuro. Un tremendo error que pagaremos muy caro en forma de atraso, de empobrecimiento intelectual y técnico. Aunque todavía no lo sepamos.

Pues eso.
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10 de octubre de 2011

Solo como las dos

Estoy más solo que la una...

¡Vaya tontería!

Porque entre las dos y las doce tampoco se está tan mal. Que quieres marcha, pues te pasas con las doce que son el grupo más grande y cuando se ponen a dar campanadas parece que no paren nunca, campanada va, campanada viene. Que quieres algo más íntimo, pues te vas con los de las dos, que siempre es más tranquilo y te puedes entretener con sus disputas. O sea, que la una no es Siberia. No son las once, que con los vecinos hacen el macrobotellón del reloj, pero no es para llorar tanto. El resto tampoco está tan mal: que si entre las nueve y las siete, que si entre las cuatro y las seis...

Pero ¿y las dos? ¿qué me dices de las dos? ¡eso sí que es lo peor! ¡entre la una y las tres! Y con el otro palito siempre incordiando. ¿Que te quieres ir con los de las tres? ¡Ah, no! Que sois unos aburridos y siempre os ponéis a hablar de minutos y de segundos, que parece que no sepáis hablar de otra cosa. Y aún así algo se os entiende; pero cuando os lanzáis con años luz y eones ¡no hay quien os aguante!.

Bueno, dices, pues con la de la una... ¡Ni lo sueñes, con esa arpía! A saber qué quiere de ti, continuamente haciéndote ojitos. ¿Qué se habrá pensado? Si no llama la atención parece que no está contenta, siempre tiene que dar la campanada ella solita... ¡Si quiere guerra, que se haga militar! Además, con lo bien que estamos aquí tu y yo solitos, una campanada tú, una campanada yo.

Y tú piensas: efectivamente, una campanada tú, una campanada yo, dos veces al día, por los siglos de los siglos, amén jesús.

Así que yo lo tengo claro: estoy más solo que las dos.
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19 de septiembre de 2011

Despertar

Me desperté suavemente. Dejé que la vigilia me inundara con lentitud. No abrí los ojos. No moví un solo músculo. Disfruté de ser el único en saber que ya estaba despierto.
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1 de septiembre de 2011

A mi niño que le den un papel

El gobierno, imagino que a instancias del ministerio del ramo, ha decidido, tras sesudas deliberaciones, que a los alumnos que no logran superar la enseñanza obligatoria (nuestra tasa casi duplica la media europea) hay que darles también un título. Un papel que acredite su ¿capacitación?. La excusa oficial es tratar de evitar que tengan que volver a cursar asignaturas ya aprobadas en caso de intentar otros estudios o si más talluditos quieren obtener el graduado escolar. Por lo visto el expediente académico no sirve.

Yo, después de meditarlo mucho rato, no lo entiendo. ¿Para qué coño quieren un papel que diga que no han aprobado ni el recreo? ¿No sería más productivo dedicar los esfuerzos a intentar arreglar el problema real, que es la elevadísima tasa de fracaso escolar? Pues no, tontolahaba. Les damos un papel que dice que, hombre, alguna sí han aprobado y ¡tachaaaan! ya no hay ni fracaso, ni abandono escolar ni cristoquelofundó. Es que somos cojonudos y originales arreglando problemas en este país. Lo que más me ha extrañado es que no se hayan inventado un palabro para designar a esta nueva categoría de estudiantes. Algo así como "Semigraduado curricularmente disminuido".

Está claro que la iniciativa calará, dado que hay tantos animalitos de dios que ahora se quedan sin papel. No sólo eso: estoy convencido de que se extenderá a otros ambientes. Tengo entendido que el Ministerio de Trabajo (¡jua!) ya ha solicitado informes sobre si un desempleado con papel debe ser considerado parado o simplemente "Productor en situación documentada de carencia laboral".

Yo, de momento y por lo que pueda venir, ya he solicitado el título de no tener ni puta idea de jugar al póker. Ni al mus.

Igual me lo dan.
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Una vuelta para no volver (Fin del cuaderno de bitácora)

En mi entorno ya se murmura que estoy pesadito con la historia (¡para una vez que uno corre una aventura!). Así que la cuento aquí y el que quiera y pueda que la lea.

Fondeado en Cala Bassa, 5 am, me levanto y abro el portillo; frente a mí, las Pléyades a media altura me traen un recuerdo intenso de Ana y María. Un meteorito cruza el cielo todavía muy oscuro. Me sonrío pensando que debo interpretarlo como un excelente augurio para la travesía. Arrancho el barco, enciendo motor y luces y levanto el fondeo para salir, muy lentamente, de la cala. Me gusta disfrutar de ese momento.

Alcanzando Conejera el alba empieza a clarear por levante. Hace un buen viento del suroeste, pero sé por el pronóstico que virará hacia noreste y levante favoreciéndome la llegada a Valencia. Izo la mayor con un rizo y saco el génova: el barco se coge al viento y empezamos a navegar por encima de los 6 nudos. Apago el motor y experimento esa sensación de placer que acompaña siempre al silencio mecánico. ¡Esto es cojonudo!

Pongo el piloto automático y hago una inspección (la primera de muchas a lo largo de cualquier travesía). Descubro más agua de lo habitual en la sentina del motor. Dedito al agua y a la boca: ¡salada! Achico y reviso posibles entradas de agua sin encontrar nada. Mejor. Pongo en marcha el motor y, efectivamente, el circuito de refrigeración de agua salada del motor pierde por un manguito y tira agua a la sentina. Poca cantidad. Decido mirarlo mejor cuando haya más luz. Apago el motor y, satisfecho, me digo "¡por eso tengo un velero!". Me zampo el desayuno y disfruto de la navegación.

El viento empieza a amainar, permitiéndome sacar toda la mayor; pero por poco tiempo. Cuando ya casi ni alcanzamos los cuatro nudos y medio decido apoyarme con el motor (voy solo y no es cuestión de tirarse dos días para llegar a Valencia). De paso miraré lo del agua. Con la linterna en la frente y sudando como en la sauna localizo la zona, bastante inaccesible, de la fuga. Intento taponarla a tientas con masilla, sin resultado.

Evaluación de la situación: achicando cada treinta minutos no hay problema pero tal vez la fuga vaya a más y al final no pueda usar el motor de forma continua; el pronóstico de viento es bueno y favorable; si la cosa se tuerce puedo arrumbar a Denia o Gandía, que están más cerca... Total, decido seguir y ver qué pasa. Ya he hecho demasiadas millas para que valga la pena volver a Ibiza. Afortunadamente el viento vuelve a subir y apago el motor.

Así, contento, alcanzo la mitad de la travesía. El viento vuelve a amainar poco después. Otra vez motor. El gualdrapeo del génova, que ya no coge viento, me obliga a enrollarlo y encuentro cierta dificultad en hacerlo. El enrollador es viejo y ya nos ha dado algún problema pero finalmente lo hago girar. Aprovecho y bajo a ver si puedo hacer algo más con el motor; al final me conformo con tener que achicar agua cada media hora (y que siga siendo así). Vuelvo a la bañera y me llama la atención que el backstay (cable de acero que sujeta el palo por popa) está muy suelto. Miro a proa y veo que el génova, enrollado, también parece muy pendulón. Engancho el arnés y me voy a proa, donde compruebo que he tenido otra avería: se ha roto el stay de proa y ahora la vela, el enrollador y el cable penden únicamente de la driza del génova que, además, se está desgastando por el sobresfuerzo y el roce. ¡A joderse!

Lo primero, asegurar el palo, no vaya a caer. Paso dos drizas a proa y las tenso con fuerza. Será suficiente para mantener el mástil. Toca achicar.

Bajo, achico, subo.

Lo siguiente, arriar la mayor para que no fuerce el palo. Desde ese momento sé que ya no puedo navegar a vela, salvo extrema necesidad (podría sacar un trocito de mayor sin forzar mucho). Dejo el motor a bajas vueltas para no sobrecargar el circuito de refrigeración y que no aumente la fuga.

Bajo, achico... y compruebo que la bomba no está aspirando agua.

¡Mierda, mierda, mierda! La bomba de achique se ha obstruido. Desmonto el filtro: está roto y allí no está la obstrucción. Saco una bomba de achique manual que llevo en un pañol y achico a un cubo que tiro por la borda. Podría dejar que el agua del motor llegara a la sentina principal y achicar con la bomba manual que hay allí instalada (es obligatoria), pero prefiero que no me ensucie de grasa y aceite todo el fondo del barco. Así que a mano y pozal.

Salgo a cubierta, controlo la tensión de sujeción del palo, oteo el horizonte por si hay barcos próximos, confirmo que el rumbo es bueno. Menos mal que llevo piloto automático, pienso. Abajo otra vez. Desmonto la bomba de achique y pillo una pelotilla de algo que se ha trabado en una de las membranas: ya tengo localizado el problema. Limpio y monto nuevamente la bomba y el filtro. Eso sí, cada diez o quince minutos he de salir a cubierta a vigilar que todo va bien y cada media hora toca achicar. Una vez montada la bomba la pongo en marcha: no aspira (ya en tierra comprobaré que, con las prisas y el balanceo, la junta del filtro no está en su sitio, no cierra bien y no permite el vacío; una gilipollez que no la deja funcionar). Me resigno a achicar a mano.

De nuevo en cubierta. El palo va bien sujeto, pero el balanceo hace que la driza del génova sufra cada vez más. Si se rompe caerá todo sobre cubierta y puede hacer daño, a mí o al barco. Decido arriarlo todo. Despacio voy dejándolo caer sobre cubierta, hacia popa, hasta apoyarlo por completo. Es más largo que el barco y ahora por popa me sobresale tres o cuatro metros, como si fuera un asta sin bandera. Más vale eso que una patada en los huevos, que es lo único que me falta hoy.

Bajo, achico, a cubierta.

La fuga no parece ir a más, pero a duras penas hago cinco nudos. Bueno, paciencia, ya llegaré. Compruebo varias veces que no tengo cobertura de móvil -estoy todavía muy lejos y no la tendré hasta que tenga la costa a siete u ocho millas, con suerte- para avisar a casa de que voy lento y llegaré tarde.

Por primera vez en ¿cuántas? horas puedo relajarme unos minutos. Unos delfines saltan en la distancia y vienen hacia el barco. Siempre me emociona, como si fuera un niño, el hecho de que se acerquen y parezca que quieran jugar con el barco, siguiendo su proa, cruzándola, saltando a nuestro lado. Pero está claro que hoy no es mi día. Se acercan, saltan un par de veces junto a la borda y se van. Ni siquiera me da tiempo para hacer un par de fotografías. ¿Será porque las cintas de mi arnés son amarillas, uno de los colores del peligro en la naturaleza?

Cada treinta minutos, pozal de agua; pero xino-xano voy haciendo millas. Cuando tan solo me quedan cinco o seis millas hasta la bocana vuelvo a pensar que menos mal que llevo piloto automático, porque tener que gobernar a mano con todo este fregado hubiese sido complicado. Algo me ha inducido a pensarlo. Seguro que, inconscientemente, he percibido algún detalle que me ha hecho acordarme del piloto, porque unos minutos después empieza a perder el rumbo y dar grandes bandazos. Tanto, que tengo que desconectarlo. Era lo que me faltaba, lo único que no se me había roto en este aciago viaje.

Pasadas las 21:30 entro por la bocana del club náutico de Valencia. Han sido dieciséis horas y media de luchar contra las putas averías.

He decidido comprarme una camiseta como la de mi mujer. Nos la pondremos la próxima vez que fondeemos en Ibiza, probablemente a bordo de otro barco. Luego, ella cantará lo de sombrero, ay mi sombrero. Y yo le haré los coros.
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Cuaderno de bitácora (18)

05.08 Mi legítima se vuelve a la península en ferry. ¡Qué dolor! Aquí me quedo otra vez solo, dispuesto a darme conversación y a tararear aquello de sombrero, ay mi sombrero, con lo que empezó esta historia. Me queda una escapadita, en el buen sentido, antes de arrumbar en solitario hacia casa. Ya verás como, igual que otras veces que lo he intentado, pasa algo y tengo que fondear en San Antonio y hacerle coros al del sombrero, ay mi sombrero.
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Cuaderno de bitácora (17)

04.08 Tras pasar la mañana en Cala Molí (otro lugar poco edificado y tranquilo), hemos fondeado para pasar la noche en Port des Torrent, fondeo ya casi obligatorio y que este año no habíamos todavía incluido. Este fue mi primer fondeo en solitario, aquí pasó su primera noche de fondeo mi compañera de piso y aquí instituimos hace años la costumbre del chapuzón antes del desayuno. Por eso le tenemos un especial cariño.
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Cuaderno de bitácora (16)

Incomprensiblemente había sitio para fondear en Porroig, donde siguen proliferando las boyas incontroladas. Llega un tío, echa un muerto con una boya y se asegura el lugar del fondeo para todo el verano (o para todo el año) en una cala muy bien resguardada de casi todos los vientos. Y no pasa nada. Y se cree que genera un derecho de ocupación porque la boya es suya, olvidando que la costa y el mar son de todos. Pero nadie hace nada. Las autoridades parecen muy ocupadas en seguir jodiendo los fondeos para que vayamos a morir a las explotaciones comerciales de las marinas, donde te crujen con tarifas exorbitantes: un amarre, un trozo de agua, de cuarenta y pocos metros cuadrados se cotiza como una habitación de cinco estrellas. Así andamos.

Hacemos noche en esta cala prácticamente deshabitada y muy tranquila y empezamos a pensar que el tiempo se nos acaba.
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Yo, también

Hoy, navegando -soplaba levante-, se me ha venido a la cabeza un fragmento de la canción Mediterráneo, de Serrat. Sin saber por qué he intentado separar la letra de la música, para recitarla como poema, lo que no es fácil con una canción oída y reoída mil veces. En el fondo es una forma de dar a los versos el peso que se merecen. Finalmente me la he recitado en silencio. El cambio del último verso me ha salido de corrido, como con vida propia.

Ay, sin un día para mi mal
viene a buscarme la parca
empujad al mar mi barca
con un levante otoñal
y dejad que el temporal
desguace sus alas blancas.
Y a mi enterradme sin duelo
entre la playa y el cielo,
en la ladera de un monte,
más alto que el horizonte:
quiero tener buena vista.
Mi cuerpo será camino,
le daré verde a los pinos
y amarillo a la genista.
Cerca del mar porque yo
también nací en el Mediterráneo.


Me ha invadido un tremendo sobrecogimiento y ¡joder! se me han humedecido los ojos.
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Cuaderno de bitácora (15)

30.07 Seguimos en caló des Porcs. El lugar nos ha dejado encandilados. Tanto, que nos hemos quedado. Para colmo, esta mañana a primera hora ha caído una tromba de agua y nos ha dejado ese sobrecogimiento que deja la lluvia cuando estás fondeado. Luego ha salido el sol y el día parecía hecho a medida para esta cala. Envidio de forma morbosa, malsana, al propietario de este paraje -es un entorno privado- y no me importaría en absoluto que me dejara en herencia la casa de la cala. Para retirarse.

31.07 Pasamos la noche fondeados en Puerto de San Miguel. Hubiésemos preferido Benirrás, pero había muchos barcos. La cala de San Miguel es casi un puerto natural (de ahí su nombre), mientras no soplen vientos duros del norte. Es el paradigma de como cagar un espacio natural encantador construyendo dos moles hoteleras en la ladera este de la cala. Pa matarlos. Afortunadamente la charanga y el chunta chunta, como es para guiris, acaba pronto.
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Cuaderno de bitácora (14)

El 29.07 dejamos ¿definitivamente? Santa Eulalia. Fondeamos para pasar la mañana en Cala d'en Serra, otro lugar poco frecuentado. De hecho, somos el único barco fondeado. Es una cala pequeña, sin construcciones, salvo un estructura abandonada (algún espabilado debió intentar construir y luego ya untaremos y, afortunadamente, o no untó bastante o no a quien debía). Ligeramente elevado hay un pequeño chiringuito atendido eficientemente, donde se puede comer alguna cosa sencilla (hacen una hamburguesa ¡ñam, ñam!). Pocos bañistas, ya que el acceso incluye carretera sin asfaltar y un trecho caminando (también hemos venido por tierra otras veces). El agua adquiere colores entre verde oscuro y esmeralda, pasando por el azul, y hace del lugar algo especial.

A media tarde levantamos el fondeo, un poco apresuradamente porque al entrar la brisa comprobamos que el ancla está garreando (¡vaya fallo, capitán!) y seguimos por el norte de la isla para decidir donde pasar la noche. Finalmente nos decidimos por el Caló des Porcs, un lugar que todavía no conocemos.

Cuaderno de bitácora (13)

Hoy hemos fondeado en Pou d'es Lleó. Este también solía ser un lugar relativamente tranquilo. Es una cala abierta y hay mucha piedra a flor de agua, lo que la hace difícil a quien no la conoce o no quiere correr riesgos.

Pero, ay señor, estamos a finales de julio y ya vale todo. Al final del día (menos mal que la gente madruga menos todavía que nosotros; por cierto, ¿a qué hora se levantarán los muy perezosos?) aquello ya parecía un autocine. En fin, habrá que seguir buscando.
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Cuaderno de bitácora (12)

Repetimos Balafia. Repetimos menú.
Sin comentarios.
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Cuaderno de bitácora (11)

Nos debíamos el volver a la Olla de Tramontana. Esta vez todo ha ido bien y hemos podido disfrutar de este lugar casi en solitario. ¡No todo iban a ser tropiezos!
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24 de julio de 2011

Cuaderno de bitácora (10)

Está cayendo la de dios. Una buena tormenta con lluvia abundante nos lleva, un día más, a quedarnos en puerto. De cualquier manera un día gris, plomizo, con el aire limpio se agradece cuando se intercala entre días calurosos.

Aprovechamos para hacer la compra y después, bajo el toldo, Haendel, un libro y recado de escribir (ahora sustituido por los aparatejos). Cervecita, comida, siesta, reparaciones (siempre hay algo roto) y paseíto. ¡Un penar!

Como decía aquel: para vivir así, mejor sería no morirse nunca.
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Cuaderno de bitácora (9). Los tropiezos nunca navegan solos

Prometía un día soberbio. Amaneció nublado después de una noche con levante fuerte (¡otra!) pero el parte era bueno y el viento favorable para fondear en la Olla de Tramontana de la isla de Tagomago. Otro lugar con un encanto especial, al menos para nosotros, no excesivamente frecuentado. Nos hicimos a la mar sin casi viento, navegando a motor. Al llegar a la cala, todavía nublado, vimos que éramos los primeros, así que decidimos amarrar a una de las dos boyas de fondeo. Íbamos a estar la mar de tranquilos.

Y aquí empezó el tomate. La maniobra de amarrar a una boya, sin viento, no reviste ninguna complicación, a menos que durante la misma notes un tirón extraño del motor y veas como la neumática se va por libre y se aleja cada vez más. Efectivamente, nos habíamos olvidado de acortar el cabo que la sujeta al barco, largo cuando navegamos y la arrastramos, y se había metido en la hélice. El cabo estaba cortado, por lo que la auxiliar estaba libre y, lo que es peor, el resto se había enredado en la hélice.

Fondeo rápido con ancla y cadena para asegurar el barco y allá que se tira mi santa para ir nadando a salvar la neumática. Y es que mi santa, cuando se pone, salva hasta a las balsas salvavidas. Recuperada la auxiliar, con ella movemos el barco para aferrarnos a la boya y tener un fondeo seguro.

Paso siguiente: gafas y tubo y a ver la hélice. Justo antes de tirarme, nuevo momento de pánico. Hay agua en la sentina. Bastante. Corro a ver. Dedo al agua. Chupo. ¡Uf, dulce! Menos mal. El agua viene de dentro, no de fuera. Probablemente se ha roto uno de los depósitos de agua dulce. Achico. Ya veremos después.

Al agua. El cabo está enredado en la hélice. Desenredo un buen trozo. ¡Coño, medusas! ¡Lo que nos faltaba -o eso creíamos! Traje de neopreno. Otra vez abajo. Cada vez más medusas. La hélice se mueve, aparentemente libre, aunque el cabo no ha salido todo. ¡Que le den! Con tanta medusa no estamos para florituras. Pero no es seguro que el motor pueda propulsarnos. Decidimos salir de la cala a vela e irnos a puerto. Ya cerca de la bocana probaremos el motor. Si no hay problemas, pa'dentro. Si no, que salgan a remolcarnos.
En plena maniobra de salida, maniobra muy lenta pero tensa, porque hay poco viento dentro de la cala y solo tenemos la mayor para propulsarnos, aterriza en cubierta el farolito de energía solar que llevamos en popa para evitar gastar batería en los fondeos nocturnos. Se ha soltado el cabo que lo sujeta. En el mejor momento.

Ya en aguas libres, un sureste fuerza 4 nos permite navegar de bolina a buena marcha hacia puerto. La velocidad que alcanza el barco hace rodar pasivamente la hélice, lo que nos tranquiliza. No parece haber daño. Llegamos a puerto, enrollamos el génova y ponemos en marcha el motor. Hacemos una prueba y, sin ruidos ni extraños, el motor parece propulsar bien el barco. No todo tenía que salir mal. Usamos el piloto automático para aproar el barco y arriar la mayor. Con todo en orden, intentamos arrumbar a la bocana y ¡bingo! el piloto automático se ha agarrotado y deja trabada la rueda del timón. Medio a las buenas, medio a las malas gobernamos a puerto para, en plena bocana, enredar en la quilla el sedal de un pu.., quiero decir, bendito pescador que no ha tenido mejor ocurrencia que cruzar su línea en la bocana. ¡Encima se enfada, el muy cabrón, porque no paramos!

Ya en el amarre, desenreda el sedal, desmonta el piloto automático, tírate al agua para ver la hélice (hay tanta mierda que resulta inútil) y ¡ah! cuelga el farolillo.

Claro, mi prójima se ha puesto la camiseta. Una que define con toda precisión esta afición que, por motivos oscuros e incomprensibles, me tiene atenazado del cogote. Reza así:

Sailing:
the fine art of getting wet
and becoming sick
while slowly going nowhere
at great expense


Y es que mi santa es mucha santa.
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Un traje a medida

Aquí, ahora y a estas alturas, como que me pilla muy lejos toda esa mierda de los señores que dicen representarnos. Sólo me viene a la cabeza la mutación. Sí, hombre, la conocida mutación que afecta a la clase política de uno y otro signo. Bueno, sí, hay varias mutaciones. Un día haremos recuento. Pero hoy me refiero a la de la piel, que se les hace de amianto. Así se entiende la facilidad con la que ponen, no una, sino las dos manos sobre el fuego en defensa de la honorabilidad propia, de sus amigos, de sus palmeros y del cuñado de su mujer, que tiene una constructora. ¡Que pongan los pelendengues, cojones, a ver si así la raza se declara a extinguir!

Y el personal, mayormente, sin inmutarse. Si tampoco es para tanto. ¿Que tú no harías lo mismo o qué? ¡Anda ya que te ibas a quedar quieto parao mientras todos van trincando! Pues parecía un bon xic. Y todos los demás etcéteras.

Y a los que se indignan, pues eso, ni caso. Por ahí van arrastrando sus miserias de puerta del sol en puerta del sol, esperando que algún nostálgico les diga que debajo de los adoquines está la playa. No quisiera ser agorero, pero uno ya está algo escarmentado con tanta milonga. Esta aventura, como muchas otras, sólo será algo si un grupo de poder, cualquiera, le encuentra réditos (más de uno debe estar ya haciendo cábalas). Pero entonces ya no será esta aventura. Será otro producto digeridito y con su papel de celofán, sus asesores, sus liberados... algo ¿cómo decirlo?, como más político.

En resumen: que les harán un traje a su medida.
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Cuaderno de bitácora (8). Islote Espardell

Se esperaba un levante moderado y hemos fondeado en el islote Espardell. El otro día ya lo intentamos pero el viento era excesivo y el fondeo, incómodo. Dos horas de navegación hasta allí, muy tranquilas. Para encontrar a ¡nadie! De hecho el fondeadero no es una cala, sino la cara oeste del islote, por lo que no está recogido y puede entrar mar del norte o del sur. No hay chiringuito, ni guiris; no alquilan pedalos, motos de agua ni otros artefactos infernales; no llegan golondrinas cargadas de gambas rojas en bermudas y pareos; si pretendes lucir el palmito, no hay nadie que te mire ni perrito que te ladre... En resumen, no reúne ninguna de las características de los sitios que la gente elige para apelotonarse en algo parecido a una ensalada humana condimentada con bronceador y aftersún. Curiosamente, muchos barcos eligen exactamente los mismos sitios, pero desde el mar, provocando cruces de cadena, garreos, voces, gritos y espectáculos inolvidables cuando el patán de la motora de 15 metros pretende ponerse en primera línea arando el fondo con el ancla y arramblando con todos los fondeos que pilla al paso. Enternecedor.

Mientras tanto, quedan fondeaderos solitarios como éste, donde nadie te mira, nadie te saluda, nadie te molesta. Así estuvimos todo el día. Únicamente fondeó otro velero a unos quinientos metros y una pequeña motora que echó el ancla, también lejos, se bañaron y se fueron por donde habían venido.

El islote está deshabitado y solo tiene un faro y los restos semiderruidos de una pequeña casa (no estaba tonto el que intentó construirla allí). Bajamos a tierra con la neumática y la sensación de robinsón, la soledad, la tranquilidad son absolutamente reconfortantes. La vista a poniente abarca la ciudad de Ibiza, el Vedrá al fondo, los freus con los faros de la isla de los Ahorcados y de la isla de los Puercos, el islote Espalmador y Formentera, cuya costa este está a sólo un par de millas. Total.

Se supone que en el islote solo hay gaviotas y conejos. Gaviotas había para llenar un colmado. Evidentemente, mi libro se había olvidado de las lagartijas, tan propias de estas islas. Pero conejos, ni uno, tú. A lo mejor por eso no había nadie por allí.

La vuelta, cayendo el sol, llevados por un levante brioso fue la guinda del pastel. Durante el trayecto bendije varias veces ese sentido gregario que caracteriza, además de a los ovinos, a nuestra bienamada especie.
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18 de julio de 2011

cuaderno de bitácora (7). Es Vedrá

Otra vez en puerto. ¡Maldito parte! Bueno, el parte no tiene la culpa. Este viento del nordeste nos tiene atrapados. Toca, pues, excursión en moto, paseíto, etc.

Comida en cala d'en Serra, medio siesta y, para acabar, puesta de sol en el mirador de la Sabina. Imperdonable no haber cogido la cámara. Sobre un fondo ligeramente brumoso, Es Vedrá, majestuoso, y junto a él, Es Vedranell, picudo y alargado. Un poco más al oeste, el sol poniéndose y hacia el norte, las islas Bledas, la costa. Un espectáculo. ¡Y gratis!

Dicen que Es Vedrá fue considerado un lugar mágico por los habitantes de la isla. No estoy seguro de que sea cierto; pero no me extrañaría. Su forma emergiendo del agua, su omnipresencia en este lado de la isla y momentos como este que se repiten cada atardecer le dotan de los elementos necesarios para haberlo sido.
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Cuaderno de bitácora (6). Balafia

Hemos cenado en Ca'n Balafia. Lo conocimos hace unos treinta años. En medio de ningún sitio, fuera de cualquier circuito de turismo, en la encrucijada de dos carreteras. Sin un gran cartel que lo señalice. Con una carreterita de acceso de polvo y hecha polvo. Solo daba cenas. De primero: tomate con cebolla aliñado con un buen aceite. De segundo sí podías elegir: carne o carne. De conejo, de cordero, de cerdo o de ternera. Hecha a la brasa. Sin salsas. Acompañada de patatas fritas. Sin otra guarnición. Nos gustó entonces y, fieles, hemos vuelto cada vez que visitamos la isla. Eso sí, cada vez más difícil. Al principio llegabas y cenabas. Esta vez, conseguimos mesa para las once y media, y gracias. Pero a las once y media estábamos sentados y atendidos. Como cada año siguen fieles a la norma: un primero, carne a la brasa de segundo, con patatas, y a correr. Y lleno todos los días. Y sin tener que hacer una donación de riñón in situ. Ya que estábamos, miramos una reserva para otro día. Para poder cenar a una hora decente, nos íbamos a quince días. Si no, a las once y media o las doce. O niente.

Calidad y servicio. Calidad de materia prima. Carta escasa: sí. Pero ¡vaya carne! Servicio: simplemente atender bien y con cortesía, intentando ser agradables y no perdonarle la vida al cliente, ni por existir, ni por pedir un vino que no hace buen maridaje, al discutible juicio de un gilipuertas, con el plato filigrana que nos obligan a tomar.

Treinta años vendiendo lo mismo, con éxito constante, no pueden ser casualidad. Y uno piensa en la cocina al uso, en la que siguiendo a cuatro iluminados, verdaderamente originales, legiones de cocineros practican el onanismo culinario con tal vehemencia que fuerzan al respetable, que es en definitiva quien paga, a salpimentar con ruedas de molino. El esnobismo se encarga del resto y se acaba teniendo por cateto a quien dice no gustar de tales experimentaciones.

Oí a un cocinero decir que lo que elaboran trasciende el hecho de la comida, pretendiendo ser una experiencia sensorial. En eso estoy de acuerdo. Quizás comer es otra cosa. Más simple, pero cojonuda. A mi me recuerda esa frase de Woody Allen: "El sexo sin amor es una experiencia vacía. Pero como experiencia vacía es una de las mejores".
Pues eso, de aquí nada mantendremos conversaciones de este tipo:
-¿Dónde vas?
-Voy a someterme a un experiencia sensorial a Chez Putifuá. ¿Y tú?
-Ah, no. Yo no. Yo voy a comer a una casa de comidas aquí al lado.

Quien guste de experiencias vacías, ya sabe: Ca'n Balafia.
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14 de julio de 2011

Cuaderno de bitácora (5). ¡Somos de PM!

Contemplando estos días la puesta del sol he pensado
¡Tanta mierda con el levante, el levante! ¡Si es todo lo contrario! ¡Somos el poniente del Mediterráneo!
Y esa maquinita política que todos llevamos dentro se ha puesto rápidamente a cavilar. Es sabido que todo varón español sería capaz de desempeñar con soltura cualquiera de los siguientes cargos: presidente del gobierno, ministro de trabajo o economía y seleccionador nacional de fútbol. Tal es nuestra capacidad. Y de ahí la fama que nos precede. Bueno, pues eso, que me he puesto a barruntar y la conclusión no puede ser otra:
Que les den morcilla a los països catalans, al país valencià, a lo regne y a la comunitat. Incluso a la unión europea si hace falta. ¡Somos del poniente mediterráneo!
Por ello, desde aquí y desde ahora declaro mi intención de luchar por los ideales de esta patria histórica (que se atreva alguien a decir que el Mediterráneo no tiene historia). Reclamaremos autonomía, autogobierno, independencia, ¡lo que haga falta! Y algún carguito que luego nos deje una paguita. ¡Faltaría más!
A partir de ahora podremos andar orgullosos, con la frente bien alta y la mirada aguerrida, gritando a quien quiera oirnos:
¡Somos de PM!

Esto es lo que tiene la ociosidad, la desinhibición y, sobre todo, este maldito norte que no me deja salir de puerto.

Cuaderno de bitácora (4). Monos antropomorfos (o no)

Se llama monos antropomorfos a los que no tienen rabo. Pues hoy he visto media docena de monos no antropomorfos sentados en una terraza de verano.
Pero vayamos al principio. Hoy he tenido que ir a San Antonio de Portmany a recoger a mi santa. Las últimas veces que he estado por allí he tenido la prudencia de no tocar tierra pasadas las doce del mediodía. Por si acaso. Y aún así me pillaron el otro día con lo del sombrero, ay mi sombrero. Pues bien, hoy he tenido que venir por la tarde. Al ir hacia la estación marítima desde la de autobuses no he tenido más remedio que pasar por ese continuum de terrazas donde, desde las once de la mañana hasta pasada la medianoche, se sirven paellas con guisantes, pimientos, tomate y un sinfín de ingredientes exóticos fruto de la imaginación de los cocineros del guirismo (corriente gastronómica que simplemente deconstruye -o sea, derribos- platos tradicionales). A lo que iba. Sentados a una mesa había media docena de especímenes simiescos de la subespecie patibularia. Llamaba la atención la sustitución del pelo corporal por una gran variedad de tatuajes de los más diversos temas y colores. Artimañas de la naturaleza para que el macho llame la atención de la hembra, he pensado. También es de reseñar que a las cinco de la tarde ya estaban más cocidos que el engrudo de arroz y marisco que engullían. En una mesa próxima estaban las hembras. No se si de la misma especie o no; ni a unos ni a otras parecía importarles. Estaban a lo que estaban. La variedad sí la tengo clara. Todos era de los catalogados como SSM. Súbditos de su majestad, claro. Abundan mucho en este hábitat.
Por lo que tengo leído, estos ejemplares nos visitan estacionalmente con una doble finalidad, a saber: a) lograr lo más rápidamente posible un elevadísimo nivel de alcoholemia que, de ser posible, se mantenga estable durante toda la estancia y b) mover el rabo el mayor número de veces posible. Por ello no hace falta una desmesurada pasión naturalista para deducir que eran monos no antropomorfos.
No deja de ser un alivio saber que a la atención y bienestar de estas subespecies estamos dedicando los esfuerzos, los desvelos, las inversiones de lo que parece configurarse como la única industria nacional. ¡Olé!
Claro, luego resulta que soy un gruñón, que siempre estoy despotricando... Pero !si es que me lo ponen a huevos!
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13 de julio de 2011

Cuaderno de bitácora (3)

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12.07.11
En esta situación es difícil decir si echas de menos a alguien. Es arduo contestar sin ser malinterpretado. Si dices que no, la has cagado. Si dices que sí, estás bajo sospecha. Bueno, siempre estás bajo sospecha.
Lo cierto es que viene bien, ocasionalmente, tener unos momentos de soledad, de introspección...
Bueeeeeno, reconozco que puede no ser más que una excusa para hacer lo que te gusta, solo, sin interferencias, sin concesiones. Pero debería ser obligatorio.
La cuestión se esconde en que, tal vez, son mayoría los que no se aguantan ni a si mismos y antes que darse conversación prefieren el chunta-chunta o, lo que es peor, sombrero, ay mi sombrero. Y en compañía. Por si se aburren.
Somos -casi todos- seres sociales. Al menos yo me considero un ser social. Y el aislamiento prolongado es una forma de tortura. Acabas anhelando la conversación (aunque sea con alguien menos listo que tú, que eres siempre el más espabilado), el contacto, la compañía. Especialmente de las personas a las que amas.
Pero si contestas que no, la has cagado. Y si contestas que sí, estás, como siempre, bajo sospecha.
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12 de julio de 2011

Cuaderno de bitácora (2)

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11.07.11
Hoy ha sido un buen día. He madrugado y me he hecho pronto a la mar. Un buen Norte me ha llevado, casi a orejas de burro, hacia el sur. No tenía una idea hecha de dónde acabaría. Al final he fondeado en Cala Jondal. Sí, con los cool (que guay ya no se dice). El fondeadero, tranquilo. Se oye un poco el chunta chunta ese del chill out, que por cierto parece un tantra en clave de sol, pero nada que ver con lo del sombrero, ay mi sombrero. Por la tarde he bajado a tierra a ver de que iba el rollo. No lo voy a negar: xiconas para quitar el hipo. No muchas, pero las suficientes. Y cantidad de capullos con trazas de traficantes en farlopa. ¡Qué le vamos a hacer! Cierto que las titis estaban de buen ver pero la superficialidad era más visible que las tetas. De las titis, me refiero. Las tetas y la superficialidad: todo. Total que me he dicho, digo, ¿y tú qué haces aquí?. Me ha dado un arrebato práctico y me he zampado un Nestlé Noir, como dios, he cogido la zodiac y me he vuelto al barco. Y aquí estoy, dándome conversación. Porque callarme, ni bajo el agua.

Cuaderno de bitácora (1)

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10.07.11

Estoy fondeado en la bahía de Sant Antoni de Portmany, en Ibiza. Un sitio poco recomendable, pero seguro. Después de la travesía en solitario prefería Port des Torrent, fondeadero más tranquilo y uno de mis favoritos cuando llegas a Ibiza. Pero entraba un poco de mar del NE y lo hacía incómodo, así que he preferido entrar en San Antonio y descansar. La puesta de sol, como siempre, me ha dejado encandilado. Y justo cuando mejor estaba, solo en la bañera y a punto de comenzar la cena, un canalla se ha puesto a vociferar, bien surtido de decibelios, canciones para guiris. He mirado raudo a mi alrededor con cara de pocos amigos, pensando que sería algún barco vecino (una motora, porque eso solo pasa en las motoras) a quien poder reconvenir. Pero no. Debía ser en un hotel o en el paseo. He mentado a los antepasados del interfecto remontándome hasta Atapuerca. ¡Qué cabrón! ¡No se ha dejado una! El sombrero, la española cuando besa, y viva españa, la leche. Se ha atrevido con el All my loving en versión lolailo. Muy eficiente el julai: se ha cargado Beatles y rumba de una tacada, sin pestañear. Ahí ya no he podido más. O me colgaba de la driza de la mayor o contratacaba. Me ha costado decidirme. Al final he empezado con Proud Mary de Credence. Volumen a tope. Luego, ya más sereno, he pensado que la ocasión merecía algo más sutil. He bajado un poco el volumen y he seguido con You're looking at me y It's wonderful, cantadas por Diana Krall. Me he reconciliado con la vida. Luego ya era todo de otra manera. La noche, el agua, la luna. Hasta he reescuchado algunas de Bob Dylan (por cierto, como si no pasara el tiempo). De vez en cuando me retiraba los auriculares para comprobar el ruido ambiente, porque (¿no lo había dicho?) los he escuchado con los auriculares. Por no molestar. No como el grandísimo hijo de puta ese del paseo.

29 de junio de 2011

Crónica parlamentaria

La maza golpeó dos veces la tablilla de madera. La sesión había comenzado. Los representantes del pueblo ocuparon sus escaños entre un sordo rumor de pasos sobre la moqueta. El Presidente tomó la palabra:

─Hoy, señorías, es una gran jornada para Pascualerría. El camino ha sido largo y espinoso, lleno de zancadillas, de abusos y de opresiones –-su mirada sobrevoló con suficiencia los bancos de su izquierda, donde se agrupaba la exigua oposición.

─Pero, al fin, el pueblo ha hablado y, con su voto, ha refrendado la voluntad de soberanía tanto tiempo ansiada y defendida con sangre por los luchadores de la libertad. En el camino han quedado muchos camaradas que el pueblo de Pascualerría honrará como héroes de su historia. La democracia, las urnas, legitiman nuestra política y nuestros anhelos, la denodada acción de todos estos años.

Su semblante, hasta ahora sereno, victorioso, se ensombreció con un rictus casi doloroso. Su mirada se posó, dura y fría, sobre los tres diputados de la coalición nacionalista conservadora acusada de pactista por los ahora vencedores.

─Aún quedan algunos escollos, algunas pequeñas piedras en el camino. Todavía hay recalcitrantes dinosaurios incapaces de acatar la voluntad del pueblo poniéndonos palos en las ruedas ─durante una dramática pausa su acerada mirada recorrió el hemiciclo─. Como todas sus señorías saben de sobra, la postura egoísta de un partido que se hace llamar nacionalista ha impedido que nuestra coalición, Dildo, clara vencedora de los comicios, haya podido constituir una Mesa del Parlamento estable, obligando a la inclusión de uno de sus miembros como vicepresidente segundo. Con un solo representante menos este chantaje habría sido imposible y Dildo hubiera podido impulsar políticas largoplacistas, estables, en una cómoda mayoría.

Una prolongada pausa hizo que las posaderas inquietas de más de un representante se reacomodaran en las poltronas.

─Pero estos canallas… ─un rumor recorrió los escaños y el Secretario General del Partido de la Nube hizo ademán de alzarse pero una mano amiga en su hombro y el sentido común le hicieron detenerse─. Sí, canallas, porque ese es el nombre que merecen… desconocen nuestra verdadera fuerza, basada en la certidumbre de nuestras convicciones… Y ahora, sí, ahora, por fin, basada también en el respaldo popular y democrático. Ese respaldo que legitima nuestra política y nuestras acciones. Pasadas, presentes y futuras…

Tras detener unos breves segundos el discurso el Presidente, con inusitada lentitud, sacó de su chaqueta un revólver y, ceremoniosamente, le descerrajó un tiro en la nuca al vicepresidente segundo, colocado a su derecha y en un plano ligeramente inferior. Dos ujieres, probablemente advertidos con anterioridad, se apresuraron a recoger al agonizante vicepresidente casi al mismo tiempo que un ¡ohhh! contenido recorría la sala. Otro ujier espolvoreó serrín sobre la mesa y el suelo bajo el escaño del vicepresidente y, con la misma celeridad, una matrona con bata azul pasó una escoba y zanjó la cuestión. En menos de 30 segundos todo había sido recogido, incluido el cadáver.

El Presidente, sin inmutarse, con la misma mirada gélida, sin un solo pestañeo, recorrió uno a uno todos los escaños adivinando las medias sonrisas en unos, la palidez crispada en otros. Exhaló aire una vez, golpeó con el mazo y espetó:

─Convoco a la Asamblea de Representantes a una segunda votación para determinar la composición de la Mesa del Parlamento, de la que derivarán los poderes de la próxima legislatura. Tiene la palabra el portavoz del grupo mayoritario, la coalición Dildo.

Amortiguado por los cortinajes y los paneles de madera de las paredes se escuchó el aullido de la muchedumbre reunida en la plaza exterior del parlamento, donde el acto podía ser seguido en directo mediante un sistema de megafonía.

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Cansionero universal

No escojas sólo una parte,
tómame como me doy,
entero y tal como soy,
no vayas a equivocarte.

Soy sinceramente tuyo,
pero no quiero, mi amor,
ir por tu vida de visita,
vestido para la ocasión.
Preferiría con el tiempo
reconocerme sin rubor.

Cuéntale a tu corazón
que existe siempre una razón
escondida en cada gesto.
Del derecho y del revés
uno sólo es lo que es
y anda siempre con lo puesto.

Nunca es triste la verdad,
lo que no tiene es remedio.

Y no es prudente ir camuflado
eternamente por ahí
ni por estar junto a ti
ni para ir a ningún lado.

No me pidas que no piense
en voz alta por mi bien,
ni que me suba a un taburete
si quieres, probaré a crecer.
Es insufrible ver que lloras
y yo no tengo nada que hacer.

Cuéntale a tu corazón
que existe siempre una razón
escondida en cada gesto.
Del derecho y del revés,
uno sólo es lo que es
y anda siempre con lo puesto.

Nunca es triste la verdad
lo que no tiene es remedio.

JM Serrat
Sinceramente tuyo

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A golpe de vate

Life is (...)
It is a tale told by an idiot
full of sound and fury signifying nothing

Shakespeare, don Guillermo
Macbeth

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19 de enero de 2011

Jonás

 
-¡Jonás! ¡Jonás! -se oyó desde lo más alto.

-Glup, glup... -fue la única contestación.

Nunca jamás lo encontraron.

11 de enero de 2011

A golpe de vate



Al cónsul tres sofistas vinieron a saludar.
El cónsul los sentó a su lado y les empezó a hablar
amablemente. Y luego les aconsejó tomar
precauciones, bromeando. "La fama trae consigo
envidias. Hay rivales escribiendo. Enemigos
tenéis". Y contestó con graves frases uno de los tres:


"Que el enemigo de hoy nos dañe, eso e impensable.
Los enemigos, los nuevos sofistas, llegarán después.
Cuando nosotros, viejos ya, yazgamos miserables
y algunos nos hayamos ido al Hades. Nuestros dichos
y obras actuales, algo excéntricos (tal vez
cómicos) han de parecer, puesto que a su capricho
sofística, estilo y tendencias cambiarán los enemigos.
Del mismo modo que ocurrió con éstos y conmigo,
que tanto transformamos lo anterior. Cuanto nosotros
logramos como justo y bello presentar, los otros
demostrarán que era superfluo, equivocado,
al repetir (sin gran quehacer) lo mismo, transformado.
Como hicimos nosotros con la herencia del pasado."

C.P. Cavafis, 1900
Los enemigos